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Columnas de Opinión
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Escrito por:

Jorge García Fontalvo

Jorge García Fontalvo

Columna: Opinión

e-mail: jgarciaf007@hotmail.com

Resulta vano negar que los asuntos que se relacionan con la realidad política nacional, hayan alcanzado tintes oscuros durante las últimas semanas. Y situaciones como la expulsión de los estudiantes venezolanos, la máquina tapahuecos, y el frustrado conejo que la guerrilla hace al pueblo colombiano, con el montaje de un proceso de paz amañado, generan tensiones de gran calibre.
Las opiniones están divididas como siempre, por eso nunca se llega a nada que favorezca al pueblo. Así son todas las cosas en este país corrupto que amamos, sin saber por qué. Unos, a capa y espada, defienden los sagrados preceptos que define la doctrina maliciosa instituida para esclavizar a los seguidores de determinado frente político o religioso, otros, solo porque si -por llevar la contraria o porque no hacen parte de la rosca-, se acomodan como opositores en el bando que más les conviene, cuando en realidad ese cuento de la oposición nadie se lo cree.
Nada, en el mundo enfermo en que vivimos, se determina con honestidad, convicción, sentido humanístico, empatía, o se realiza para asegurar el bienestar común. Vivimos para proteger ciegamente los intereses mezquinos de un movimiento político, o de alguna secta religiosa trastocada, aunque muy al interior, somos conscientes de que todo se moviliza en pos de la indecencia y se promueve demencialmente el trato indigno hacia los demás. No es una exageración lo que escribo en esta columna, analicemos a conciencia lo que sucede a nuestro alrededor y veremos que existe cierta legitimidad en estas palabras.
Por ejemplo, tres estudiantes venezolanos fueron expulsados de Colombia por el gobierno Santos, simplemente porque a Maduro no le conviene que sus contradictores políticos se dispersen por el mundo dando a conocer las atrocidades que ocurren en el hermano país. -Aclaro, no tengo idea qué tipo de afiliación política tengan estos jóvenes, si son de la ultraderecha o la izquierda. No estoy viendo la afiliación política, filosófica o religiosa, sino al ser humano como tal-.
La excusa perfecta para encubrir este atropello, es que los estudiantes realizaban actividades políticas en el país sin cumplir los requisitos necesarios para adelantar tales prácticas. Me pregunto, ¿por qué el ilustre presidente Chávez no deportó a Iván Márquez y los bandidos de las Farc que tenían campamentos en Venezuela, o expulsó a doña Piedad cuando hablaba pestes de su país, hace un par de años?
Para el presidente Maduro y el señor Santos, los activistas que reclaman la atención de los mandatarios hipócritas del planeta para que se dé real importancia al problema venezolano, son delincuentes, mientras que los criminales de las Farc que abruman al pueblo colombiano con su barbarie, son líderes que promueven la transformación social de la nación. Que incoherencia Dios mío.
Iguales de incoherentes son los casos de corrupción que algunos medios de comunicación que están al servicio de la dirigencia política corrupta, y el aparato judicial estatal infiltrado por la guerrilla, quieren camuflar al interior de la administración Petro. Deberían utilizar la máquina tapahuecos para esconder debajo del asfalto, las acciones putrefactas de un alcalde que hace con la capital de la República lo que se le da la gana.
Recuerdo que en la época de los hermanos Moreno -aclaro que fui uno de los que más cuestionó la corrupción de los grandes timadores del país, y aplaudí las acciones asumidas por el Estado para castigar el delito-, los que se untaron y los que no se untaron la mano con el cartel de la contratación, se pusieron de acuerdo para exigir la condena de los corruptos. ¿Por qué ahora, con el alcalde Petro y los bandidos de las Farc, no se aplica la ley en la justa medida? ¿Es que acaso tienen corona?
Si en esa época las cosas fueron de esa manera, ¿por qué hoy todo el mundo quiere tapar la suciedad que se percibe detrás de la "honorable" administración bogotana? ¿Qué sucede que todos se hacen los de la vista gorda? No sé.
Deberíamos asumir una actitud honesta con la sociedad para afrontar el engaño que nosotros mismos hemos creado, porque en este país la justicia solo es para unos, y mientras se sigan manejando maliciosamente las cosas, la clase dirigente seguirá favoreciendo sus mezquinos intereses, en detrimento del bienestar de la mayoría maltratada.
Falsa moral la que mostramos ante el mundo: denunciamos los actos de corrupción de nuestros adversarios y deseamos que caiga todo el peso de la ley sobre ellos, pero por nada del mundo nos manifestamos en contra de las equivocaciones propias, o en contra de la actitud perversa de los copartidarios. Festejamos con bombos y platillos, o montamos el circo de Pepito para aparentar una postura honesta cuando hacemos cualquier cosa pequeña, pero nunca alentamos al contradictor que se destaca. ¿Realmente somos así en Colombia? ¿Qué piensa?

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