Pon tu alma en jazz

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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com

El jazz, más que un género musical, es un estado del alma; es libertad en movimiento, arte espiritual en el que las notas danzan con los sonidos del intérprete en un pentagrama siempre cambiante: la improvisación en cada paráfrasis es su cuño característico. Nunca habrá dos interpretaciones iguales; he ahí su belleza. Ese hermoso universo de cuna estadounidense, hijo de muchos padres y padre de muchos hijos, desde sus raíces africanas, europeas y americanas emparenta directamente con el bossa nova del Brasil, la música caribeña y hasta el tango argentino. Es fácil evocar en su origen la imagen de un negro desatando la melancolía de su desarraigo a orillas del Mississippi mientras escapa un rato de la esclavitud del plantío en Luisiana, con el vibrato de una dulzaina o el trémolo de una guitarra. Los salones de baile testimoniaron danzas al ritmo alegre del piano del ragtime, en una escena pletórica de hombres y mujeres nativos descendientes de ingleses, españoles, franceses y africanos, y extranjeros del Caribe, Italia, Irlanda, Alemania o Escocia, principalmente. Fue el crisol del que emergieron el blues, el jazz y la música cajún.
Los ritmos simples y de repetición que usaban las primeras bandas se enriquecieron de la armonía y la instrumentación europeas, sentando las bases del jazz. El uso de instrumentos musicales les era prohibido a los esclavos, pero el espíritu jamás podrá tenerse encerrado. En las iglesias dieron paso a las expresiones africanas en un intento de europeizar a los negros, forzados al cristianismo evangélico. Las voces, actuando en consonancia armónica, variaban un mismo tema, el góspel, que además servían de comunicación secreta entre los coristas. Luego, el ragtime, con sus síncopas, contratiempos y arpegios, completa los cimientos del nuevo ritmo, en el que Buddy Bolden lo moldea definitivamente, en un "New Orleans Style", primigenia expresión, cuya "santísima trinidad" la conformaban la corneta, el trombón y el clarinete en la parte melódica, apoyada en instrumentos rítmicos. En el Dixieland se desarrollan improvisaciones que pretender "desafricanizar" al jazz, con melodías y armonías más complejas, piano y saxofón. La migración de músicos de New Orlenas por el cierre de Storyville supone otros estilos y tendencias definidas; en Chicago, la improvisación individual es característica, al igual que los arreglos escritos y la influencia blanca. New York presenta formas más estilizadas que desembocan en el swing. El bebop, considerado por los músicos como un reto de improvisación, traza las líneas definitivas del jazz.
Música de origen humilde, no goza de la popularidad de los géneros comerciales. No es considerada música clásica, pero la interpretación requiere gran formación musical. Los músicos clásicos, amarrados a la rígida partitura, buscan sonidos puros y homogéneos; el jazzista frasea improvisando sonidos y persigue la diferenciación de cada instrumento, liberando sus emociones durante la ejecución, de modo que nunca habrá dos interpretaciones iguales. Si bien su nacimiento se sitúa en los Estados Unidos, sus raíces tocan el mundo entero, y su estructura es multicultural. Cualquier instrumento sirve para jazzear, pero piano, contrabajo y batería marcan la sección rítmica; los arreglos, presentes desde hace más de un siglo, guían al músico para desatar su espíritu durante la ejecución. Las melodías, íntimamente relacionadas con la armonía, se caracterizan por su fluidez, improvisación y, desde luego, individualidad.
Y las voces: los coros religiosos están presentes en el inicio del jazz, con expresiones nuevas y frescas frente a la pureza y registro vocal de los clásicos europeos. La voz masculina del jazz tiende a ser más brusca y plana, con una técnica impecable y espontánea; sin embargo, la complejidad de la voz femenina hace pensar que el género tiene su mejor expresión con las mujeres, por la introducción de sonidos distintos y vocalizaciones novedosas con tonalidades increíbles, como no.
Colombia no es ajena al jazz. Septiembre es la época del género en nuestro país con encuentros de categoría en Barranquilla, Medellín, Pasto, Cali y Bogotá. Además de los grupos nacionales, nos visitarán artistas de la talla de Chick Corea, Chano Domínguez, Pedrito Martínez & el Niño Josele, Joe Lovano, la Orquesta Aragón, Leila Pinheiro, Ismael Miranda y Hector Martginon, entre otros, que transitarán por la bossa nova, funk, blues y guaguancó, entre otros ritmos. Habrá ocasión de escuchar a Cassandra Wilson y Macy Gray junto a David Murray. Otros artistas serán Jerry González, Rita Marcotulli & Stefano Cantini, Oscar Acevedo, Violentango, Atlántico Big Band y Big Band Juvenil de Bogotá.
El jazz, aquella "música de salvajes" (como la definía el New York Times en los años 20) y que el Congreso de los Estados Unidos lo declaró como un "destacado modelo de expresión" y "excepcional tesoro nacional", esa que sirve para escuchar o bailar, está de fiesta en Colombia. Bien vale la pena participar de ella.

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