Un escritor con cara infantil

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Escrito por:

José Vanegas Mejía

José Vanegas Mejía

Columna: Acotaciones de los Viernes

e-mail: jose.vanegasmejia@yahoo.es

Hubiera cumplido cien años de vida el pasado 26 de agosto. Su nombre y su obra no necesitaron llegar a la centuria para brillar en las letras castellanas pues desde 1973, con la aparición de la novela 'Rayuela', los buenos lectores comprendieron que Julio Cortázar sería un ícono en la literatura universal. Hablaremos de Cortázar para recordar el centenario de su natalicio; pero es necesario mencionar a los precursores de ese "tsunami" que fue el llamado "boom literario latinoamericano". Casi siempre permanecen en la sombra nombres como Miguel Ángel Asturias, el de 'El señor Presidente'; Alejo Carpentier y 'El siglo de las luces'; Ernesto Sábato y 'El túnel' y Juan Rulfo con su 'Pedro Páramo', para citar solo una obra de cada autor.
Julio Cortázar nació en la embajada argentina en Bruselas (Bélgica) el 26 de agosto de 1914. Cuando llegó a París, en 1951, en sus valijas había abierto espacio para llevar consigo gran parte de la agobiante situación argentina bajo el régimen de Perón, dictador que había subido al poder en 1946. Ya en Francia, dotado con una beca de estudios, prolongó su permanencia y más tarde se convirtió en ciudadano francés. Trabajó para la Unesco y no dejó de escribir. Entonces aparecieron 'Final de juego', 'Las armas secretas' y 'Todos los fuegos el fuego'. También escribió 'Los premios', 'Historia de Cronopios y de Famas', 'La vuelta al día en ochenta mundos' y 'Un tal Lucas', entre otros.
A partir de su primer viaje a Cuba y su contacto físico con la Revolución cubana, Cortázar comprendió que hay un destino latinoamericano en juego. Lo afirma convencido: "Ya no es posible refugiarse en la torre de marfil de la literatura pura, el cine puro, la pintura pura. Hay que estar ligado de alguna manera al destino de nuestros pueblos". Las notas que hoy presentamos nos permiten apuntar hacia el compromiso de Cortázar con la protesta social en nuestro subcontinente, situación que el escritor percibió gracias a su alejamiento físico de la Argentina, como él mismo lo afirma: "Si yo me hubiera quedado en Argentina probablemente no habría llegado a entender nunca lo que pasaba en mi propio país".
Si en esta columna quisiésemos referirnos solo a 'Rayuela', sería insuficiente el espacio para destacar la importancia de esta obra: 'Marelle', como se la traduce al francés. Para nosotros, Rayuela es el mismo juego infantil que llamamos 'La peregrina'. La obra 'Autopista del sur' es un relato que cuenta las diversas situaciones de innumerables personas que se ven sorprendidas por un trancón en una autopista francesa. La carretera, debido a una falla en el terreno, queda cortada y los miles de automotores que circulan por ella, totalmente paralizados en ambos lados, deben sufrir dificultades inimaginables durante varios días. El escritor no menciona un solo nombre: solo habla, por ejemplo, de los del Renault rojo, de los ancianos del Peugeot modelo tal, de la joven del carro deportivo… Al final, cuando el trancón es solucionado, queda la despedida de un joven y una chica que quizá no se vuelvan a ver, pero cargan con la duda de un posible embarazo. 'El perseguidor' es una obra corta que narra aspectos de la vida de un saxofonista famoso, Charlie Parker, que en el relato es Johnny Carter. No hay que olvidar que Cortázar era un melómano consumado.
Pues bien, en esta fecha significativa para las letras universales es conveniente dejar constancia de que el escritor Julio Cortázar imprimió una huella indeleble para la literatura de todos los tiempos.

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