La comunión de los Santos

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alberto Linero Gómez

Alberto Linero Gómez

Columna: Orando y viviendo

e-mail: palbertojose@hotmail.com

En este domingo quisiera explicar el tema de la comunión de los santos que tantas veces mencionamos en nuestra fe. Nosotros, los católicos, creemos en la comunión de los santos.
Esto es, creemos que ellos pueden interceder por nosotros ante Jesús, el único mediador.
 Así lo dice el Catecismo de la Iglesia número 957: "Por el hecho de que los del cielo están más íntimamente unidos con Cristo, consolidan más firmemente a toda la Iglesia en la santidad… no dejan de interceder por nosotros ante el Padre. Presentan por medio del único Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, los méritos que adquirieron en la tierra… Su solicitud fraterna ayuda pues, mucho a nuestra debilidad."Cabe aclarar que nosotros sabemos que solo hay un mediador: "Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también," (1 Timoteo 2,5), pero también tenemos claro que podemos interceder ante ese mediador por nuestros hermanos.
De esto hay muchos testimonios en la Biblia: "Tomad, también, el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios; siempre en oración y súplica, orando en toda ocasión en el Espíritu, velando juntos con perseverancia e intercediendo por todos los santos," (Efesios 6,18).  "Confesaos, pues, mutuamente vuestros pecados y orad los unos por los otros, para que seáis curados. La oración ferviente del justo tiene mucho poder" (Santiago 5,16). Luego, no hay algo de extraño ni contrario a la Biblia que los santos puedan interceder ante Jesús por nosotros. Sé que algunos me dirán: solo pueden interceder los que están vivos, y pregunto ¿acaso los que mueren en Dios no están vivos en el Señor o es que Dios es un Dios de muertos? (Lucas 20, 27-38).
Ellos viven en Dios y ante el Hijo interceden por nosotros.
 No porque no vivan de la manera como nosotros vivimos podemos declararlos muertos. No tengamos miedo de pedirles a nuestros santos que intercedan por nosotros ante el Señor Jesús. Hagámoslo con respeto, confianza y con el cuidado necesario. No se trata de generar prácticas mágicas ni manifestaciones  supersticiosas, sino un culto nacido en la coherencia de vida y fe, y del esfuerzo de "imitar" las virtudes de ese gran ser humano que, como Iglesia, reconocemos Santo. Un santo, afirmaba el Papa Benedicto XVI, no es una persona que menos se ha equivocado, sino la que ha desarrollado la capacidad de acoger la misericordia de Dios en su corazón y ese amor del Señor le ha motivado a amar a sus hermanos. Es así como su modo de vida se nos presenta como ejemplo para ser discípulos de Jesucristo y vivir nuestra fe con los demás, en la comunidad, donde el Señor se nos revela. Es importante entender qué es lo que decimos al pronunciar el Credo de la Iglesia católica para que así podamos dar razón de nuestra esperanza (1Pedro 3,15) y no quedemos mudos ante las preguntas de aquellos que, sin entender nuestra fe, buscan cuestionarla. Es importante que cada uno sepa qué y en quién cree, de esa manera podrá dar testimonio claro y preciso de su modo de vida (Hechos 5,20).Estoy convencido que la fe no es para pelear y dividir, sino al contrario, para sentirnos hermanos y poder compartir las bendiciones de Dios. Hay que evitar agredir a los otros por la fe, eso implicaría que no hemos entendido el mensaje de Jesús de Nazaret.
Cuando me encuentro con hermanos que tienen opciones de fe distintas a la mías no solo los respeto y valoro, sino que trato de compartir con ellos lo que nos une y nos lleva a ser mejores seres humanos. Alabar y bendecir a Dios y ultrajar a un hermano, porque cree distinto a uno es realmente contradictorio y muestra de una gran ignorancia religiosa.
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