La política industrial no sirve

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Escrito por:

Andrés Londoño Botero

Andrés Londoño Botero

Columna: Bitácora del primer y cuarto cuadrante

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El mundo ha experimentado un aumento en la calidad de vida, lo que ha llevado a ciertas naciones a beneficiarse de las bondades del crecimiento económico. Lo interesante del asunto es que el progreso ha sido consecuencia de las innovaciones que agentes privados han hecho, y que han cimentado periodos de prosperidad, como la revolución industrial y el renacimiento.
La excesiva intervención estatal ha puesto en jaque al progreso tecnológico. A Da Vinci se le prohibió disecar especies. Galileo Galilei se vio enfrentado ante la inquisición por controvertir la física que predominaba en su época. Los impuestos hacen fracasar ideas de negocios todos los días.
El progreso científico e industrial deriva de la innovación. A su vez, la innovación no ocurre de manera lineal, es espontánea y muchas veces es producto de un experimento fallido. Por lo tanto una política industrial exitosa no surge de la planeación centralizada. Una política industrial promovida por el Estado termina derrochando dinero en sectores que no son los más estratégicos, además genera incentivos que penalizan la innovación, pues los industriales terminan mendigando subsidios en vez de reinventar su negocio.
Un mecanismo efectivo que potencialice la innovación es la injerencia de los empresarios en el diseño de programas educativos. Un sistema exitoso sería uno que le de libertad a las empresas de diseñar los pensum y exámenes de carreras técnicas y tecnológicas. Un gran rezago que tiene la educación en Colombia es su falta de pertinencia, los perfiles de los egresados no coinciden con las demandas por el mercado. Si se dejara a los industriales diseñar los programas académicos, nuestros egresados tendrían una mayor vinculación al mercado laboral y los perfiles de los trabajadores estarían más acordes a los programas en innovación y desarrollo que adelantan las empresas. Mejorar la calidad de la educación es más benéfico que imponerle modelos rígidos a la industria, que en ocasiones benefician a sectores pocos estratégicos.
La salida que tiene Colombia para insertarse al mercado mundial es facilitar la innovación. Como la innovación va ligada a aquellas cosas que aún no conocemos, lo mejor sería abandonar los modelos rígidos que pretendemos imponerle a la industria y a la educación. El Gobierno no sabe más que los privados cuáles son los sectores con mayor proyección. Sin embargo, pretende meter su cucharada y generar dinámicas que castigan la innovación y el desarrollo.
No creo que la salvación para la industria sea una política industrial dirigida por un ministerio. Sería más efectivo tener menos impuestos, una formación para el trabajo más pertinente y dirigida por industrias privadas, menos burocracia y mayores espacios de innovación y desarrollo. No subsidios dirigidos a sectores específicos que le restan atención a otros que pueden resultar ser más estratégicos.

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