La "gran pausa" de Eduardo Santos

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alfonso Lopez Carrascal

Alfonso Lopez Carrascal

Columna: Pedagogía Constitucional

e-mail: lopezcarrascal@yahoo.com

No era fácil suceder en el mando gubernamental de la república, a ese gran patricio liberal Alfonso López Pumarejo, en su primera administración (1934-1938), quien se mostrara como un gobernante progresista y reformador de la organización laboral, de un apego nacionalista frente a los Estados Unidos de América. No olvidemos que López Pumarejo en su Primera administración le había dado vigor, a la llamada " revolución en marcha " , había modificado la Constitución de 1936, partiéndole el espinazo, al establecer la función social de la propiedad, y de contera poner en acción la extinción del dominio , para quien no trabajara la tierra. Sucederlo no era tarea fácil. Sucesor suyo, (1938-1942), lo era Eduardo Santos Montejo, tío abuelo del actual presidente de Colombia, Juan Manuel Santos. Se mostraba como un gobernante moderado, centrista y contrario a los movimientos de masas. Eduardo Santos establece en su gobierno lo que se llamó la "Gran Pausa" y amigo de los industriales y asociados a Norteamérica, gobernado entonces pro Franklin Delano Roosevelt, líder del "Nuevo Trato". En materia económica, se mostraba como intervencionista y en ese cuatrenio, se fortaleció la Federación de Cafeteros, a través del fondo Nacional del Café, no obstante, la vigencia de la Segunda Guerra Mundial, que había cerrado los mercados. A Santos le debemos el Ministerio del Trabajo, con el objeto de cuidar los derechos de los trabajadores si existía alguna diferencia entre López y Santos, fue por el hecho de que López quería como sucesor suyo en el gobierno al Dr. Darío Echandía. Otros dicen que la incompatibilidad entre los dos jefes, obedecía a que Santos había llegado al poder para dividir el movimiento sindical. Otros, que lo era con un carácter contra revolucionario.
También se decía y se le calificaba de ser representante político del anti reformismo, pero de todas maneras el presidente Santos fue un conciliador por temperamento, convencido de que el liberalismo de Francisco de Paula Santander y Manuel Murillo Toro, eran fuentes inagotables, del agua de vida del liberalismo, con una doctrina siempre actual. El historiador norteamericano David Bushnell, citado por Eugenio Gómez Martínez, señala que en el fondo Santos no eliminó ninguna de las medidas de López y como lo afirmara el escritor Alfredo Iriarte, la administración de Santos fue un vivo y admirable paradigma democrático y gracias a él hubo una verdadera revolución educativa y cultural. Nuestro profesor y rector de la Universidad Libre de Colombia, Gerardo Molina, lo calificaba de un "reformista moderado".

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