La paz: un derecho y un deber

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Escrito por:

Alfonso Lopez Carrascal

Alfonso Lopez Carrascal

Columna: Pedagogía Constitucional

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Estamos acostumbrados a definir la paz por su contrario en forma dialéctica como es la guerra estado negativo e irracional del hombre. No podemos mirar la paz como la supresión de los conflictos sino como la ausencia o renuncia de toda forma violenta de superar las diferencias o contradicciones en la vida social y política del hombre.
Nunca olvidemos la definición de paz que nos enseñara el presidente mexicano Benito Juárez al definir la paz como el respeto al derecho ajeno. Debemos ver la paz como un bien supremo del hombre ínsito en nuestra propia condición humana.
De las pocas constituciones del mundo es la nuestra de 1991 que define la paz entre los derechos fundamentales de primera generación y la define en su art 22 como un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento. Su carácter de obligatorio nos obliga a todos sin distingos de ninguna naturaleza social o política.
Dice el doctor Jaime Córdoba Triviño ex defensor del Pueblo, que la paz es algo más que un valor, un ideal o un principio. Por la propia naturaleza es inherente a nuestra propia condición humana y si el hombre es un animal político como lo mostraba Aristóteles, con más razón, dado ese carácter social debe hacer de la paz no solamente un derecho sino un deber de convivencia La paz responde una resonancia de carácter universal sin que lo sea de un determinado país o de una organización política determinada o de una persona en particular.
Es un derecho universal que pertenece a toda la humanidad Es también inalienable como lo sostiene la doctrina sobre derechos humanos y es indudable que cada persona en sus relaciones de familia, social, laboral y política debe actuar con el respeto a la paz que entonces se erige un deber.
El mismo bloque de constitucionalidad la impone en el artículo lo de la Declaración Universal al señalar que todos los seres humanos nacen libres e iguales en derechos y dignidad y, dotados como están de razón y justicia, deben comportarse fraternalmente., los unos con los otros. La paz, como podemos ver llama a la fraternidad de los hombres, porque si en la familia humana todos somos hermanos seria un fratricidio tener pugna con el contrario.
Pasadas la elecciones y las heridas que ha podido dejar esa pugna, creemos que la invitación es que todos defendamos la causa de la paz y la Habana es un simple accidente que puede superarse. Aquí todos hemos ganado y la invitación es a todos los colombianos a que en Colombia impere la paz más allá de toda consideración política o social.

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