Intrigas, corrupción y pugnas en el vaticano

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Escrito por:

Gustavo Hernández López

Gustavo Hernández López

Columna: Opinión

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Verdaderamente queda uno sorprendido y absorto cuando penetra en alguna forma o conoce lo que sucede en el Estado del Vaticano, uno de los ámbitos territoriales más pequeños del mundo pero grande en materia de luchas, conflictos e intrigas. Existen muchos periodistas, escritores, sacerdotes que se han dedicado a involucrarse en la vida clerical y por consiguiente han ahondado en el modus vivendi de aquello que acontece en la Santa Sede y cómo se maneja la iglesia desde Roma.
El actual Pontífice Francisco I ha encontrado toda clase de escollos, choques y dificultades en el ejercicio de su papado, por cuanto su sencillez, su austeridad, su apego y criterio arraigado de ayudar a los pobres no ha sido bien recibido por quienes lo rodean y conviven con él y que además son sus principales y más cercanos asesores, es decir los Cardenales que no son otra cosa que sus Ministros, pues no podemos olvidar que El Vaticano es y seguirá siendo un Estado independiente y por ello ante el mismo presentan credenciales los Embajadores acreditados ante la Santa Sede.
En la capital italiana sucede un fenómeno sui generis diplomáticamente hablando como quiera que allí es la Sede de dos Estados totalmente independientes. El primero es la República de Italia y el segundo el Estado del Vaticano, esto es la Santa Sede, cuyo Jefe de Estado es el Vicario de Cristo.
Nadie pensó y menos aún entre los mismos Cardenales que forman el conclave, organismo elector del Papa, que un latinoamericano y por otro lado Jesuita tomara las riendas de la Iglesia Católica. Pero si ello no se hubiera sucedido quizás el catolicismo que estaba atravesando una crisis honda, hubiera continuado en decadencia e iría perdiendo credibilidad y fieles, dada la magnificencia e irrealidad en que estaban viviendo los altos jerarcas, que desde Roma señalaban los derroteros de 1.100 millones de católicos en el planeta.
El nuevo Papa prescindió de las indumentarias finas, costosas y lujosas, hasta el punto de que en este momento se encuentran quebradas las industrias que fabricaban esos trajes cuyos precios eran y son exageradamente altos. Ciertamente no se justificaba ese boato y por el contrario se rechazaba cada día más, en la proporción en que en el mundo se acrecentaban los pobres, que deberían ser los protegidos de la iglesia, como ocurre hoy con esta revolución papal, en cabeza de Francisco I.
En el 2013 con motivo del último conclave que dio origen al actual papado, un pacto del diablo intentó oponerse al grupo de purpurados que querían cambiar, transformar, renovar y limpiar la casa de Dios de tantos enemigos humanos. Por esa circunstancia las energías del mal ocultadas en sotanas están enfrentadas con Francisco I. Esta nueva ola o este nuevo pensamiento acorde con lo que debe ser la iglesia, está logrando frutos, toda vez que ahora sí está sumando y no restando, como acontecía antes de llegar Francisco I.
Los vicios, la corrupción, el enriquecimiento, la pedofilia, el exceso de poder, los malos hábitos proliferaron en la iglesia y por ello se dice que llegó al trono de San Pedro bajado del cielo, Francisco I para salvar a la Iglesia de este estado de cosas.
Los Cardenales de Estados Unidos donde más sacerdotes pedófilos existían, quizás conscientes de ese mal ejemplo, de su desprestigio y sabedores de la burocratizada y corrupta curia vaticana, lideraron y condujeron a los Cardenales a la elección de Francisco I.
Pero indudablemente el hecho cierto de reducir el poder al Opusdei, hacerle una reingeniería al banco del Vaticano en el cual hizo barrida y mesa limpia, el castigar y poner a disposición de la justicia ordinaria a los curas pederastas, el enfrentar a los jerarcas gais, el acabar con el dominio político y del dinero de varios Cardenales, el ampliar los espacios a una presencia femenina y el querer ser el Papa delos pobres, le ha creado un bloque fuerte de Cardenales que no están dispuestos a perder su hegemonía y dominio. Lo anterior da lugar a pensar que está incluso corriendo el riesgo de su propia vida.
De su éxito o fracaso de sus políticas, dependerá igualmente el futuro de la Santa Sede y sobretodo del sin número de católicos, que guardan la esperanza, la fe y la certidumbre de que no habrá más politiquería, ni más escándalos, ni más alejamiento de sus fieles y que por el contrario se pensará de ahora en adelante, en función doctrinal y teológica y al mismo tiempo habrá una Iglesia que sienta, viva y esté al lado de los más necesitados.
Es importante recordar que en el lapso de más de 20 siglos, en la Iglesia han muerto oscura y misteriosamente varios pontífices, aún siguen en investigación muchos de esos casos. Todo ello, justamente derivado de los conflictos internos, ruines pasiones y pugnas políticas y cardenalicias.
Jorge Bergoglio pasará a la historia como el Papa reformista, conciliador entre los cristianos, cercano a la gente, que hizo que los curas salieran de sus parroquias, y consecuentemente se ha constituido en un pastor de verdad. Su modelo de administración del catolicismo es la mejor guía para el ministerio sagrado.

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