Sequía que pudimos evitar

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Escrito por:

Hernán Gutiérrez Herrera

Hernán Gutiérrez Herrera

Columna: Opinión

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No está fácil para nadie. Mientras en lugares tanta agua acaba con las esperanzas y hasta las vidas de las personas, en Santa Marta la sequía hace lo propio con crueldad similar. Ya son más

de seis meses de desesperación, tiempo en el que la abundancia del agua se tornó objeto de recuerdos, para encarnar la época de tenacidad caliente que sacude la región Caribe.
En mi época, que es reciente, recuerdo la abundancia hídrica que fluía por todos los afluentes de la ciudad. Para divertirse en familia y lavar ropa, bastaba ir a Bonda y usufruir la abundancia del agua, en aquella época fría, proveniente de la sierra nevada.
Con esto abro espacio a un dilema que debe hacer parte de las cabeças visibles de toda la región Caribe y del país. Me refiero al pensamiento de preservación, ausente en nuestro país. Todavía preso a costumbrismos extractivistas que consideran los recursos naturales inacabables. Grave error y hoy lo comprobamos.
La conciencia ambiental y de preservación de los recursos hídricos no poseen políticas públicas capaces de estimular su implementación; eso amargura nuestro presente y llena de culpabilidad a las clases dominantes del poder, quienes a través de los medios de comunicación y otras formas de divulgación debieron impartir conceptos primordiales para que la población pudiese concientizarse y comenzar a preservar.
Algo tan grave cuanto la seca de nuestra región, es que vemos los casos repitiéndose a lo largo y ancho del país, en donde las cuencas hidrográficas han sido contaminadas y no se hace nada al respecto. Este trabajo no es, apenas, de responsabilización, es de concientización de una sociedad que todavía está analfabeta, ecológicamente hablando.
No necesitamos hacer estudios muy profundos y técnicos para verificar que no sólo la calidad del agua se encuentra amenazada, como también su existencia y en esto debemos ser plenamente claros, masificando en nuestras comunidades la importancia de nuestras actitudes para garantizar la sobrevivencia del agua potable para las futuras generaciones.
Esta preocupación recobra más sentido cuando observamos el desinterés social en cuanto al manejo del líquido. Con solo mirar para cualquier río o quebrada urbana podemos sentir el drama; cada vez más contaminados por nuestros residuos domésticos, industriales y basuras de toda clase y naturaleza. En la zona rural la escena se repite con algunos matices diferentes. Es su caso son los agrotóxicos la gran amenaza; estas sustancias son fumigadas por campesinos, que en muchas ocasiones no dominan el uso consciente de estos productos, que con el pasar de los días, en su proceso de lixiviación, son descargadas en los ríos.
Viendo este panorama, que es asustador, deberíamos movilizarnos en varios sentidos que protejan nuestra agua, el recurso natural más preciado. Con esto me refiero al fomento del reciclaje, como modelo eficaz y promisorio para el combate de todos los tipos de polución; llegando a proteger mucho más que el agua.
Para estimular este principio es importante revivir uno de los conceptos más actuales que se fundamenta en la estrategia de los "3 R". Reducir, Reutilizar y Reciclar. Esto puede marcar la diferencia.
Está en nuestras manos la llave del futuro y estamos en plenas condiciones de apoyar la naturaleza para que después, no suframos los golpes colaterales de la contaminación ambiental producida por nosotros mismos.

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