Que llueva que la vieja está en la cueva

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alvaro González Uribe

Alvaro González Uribe

Columna: El Taller de Aureliano

Web: http://eltallerdeaureliano.blogspot.com

Por mucho que este invierno sea anormal, la forma cómo los colombianos lo hemos enfrentado dice todo de nosotros: sacos de arena, carpas, albergues, mercados, raciones, ropa en buen estado, enlatados, vías alternas, teletón, alerta roja (la de "ya pa'qué) y decenas de expresiones similares pasan a ser la supuesta política pública del Estado. Son gobiernos remendones.

Es la política de reacción, que no es política pública sino eso: reacción, bandazos, improvisación. Esperar a que las cosas pasen para responder como salvadores de las aguas. Insisto: sé bien que este invierno superó todos los pronósticos, pero cruento o no, la manera como se ha manejado es la misma como se han manejado todos los inviernos y todas las emergencias en Colombia. Es la política de sacos de arena, de parches, de sombrero del ahogado, de flotador, de bote salvavidas, de respiración boca a boca, de qué-vamos-a-hacer-ya.

Todo al final, cuando sólo queda recoger escombros, secar y limpiar. Y no sólo se trata del invierno o de las tragedias naturales. También con los hechos violentos y delictivos, los gobiernos actúan impulsados por las consecuencias de los actos.

De nada sirven las alertas tempranas, ni los estudios sobre violencia, ni los observatorios. Sólo se oyen las convocatorias a consejos de seguridad "inmediatas" (a cada delito corresponde un consejo de seguridad posterior), o investigaciones exhaustivas, o "los tenemos identificados", o "sobre esos bandidos caerá el peso de la ley".

El peso pluma, será, si es que cae. Es como si los gobiernos existieran para después. Por ello no se cumplen los planes de desarrollo y todo se queda en operativos de acción formulados de prisa para cada hecho. Por eso no alcanzan los presupuestos y todo se queda en trasladar recursos de algún rubro menos urgente a otro con el agua al cuello.

Por eso, así existan buenas intenciones, las promesas electorales son palabras vacías que se lleva el viento, y también el agua, los coletazos de los huracanes, La Niña y El Niño, las avalanchas, los asesinos, y los corruptos con sus botines rumbo a paraísos fiscales extranjeros mientras acá quedan los infiernos fiscales.

El caso de los dos mineros de Boyacá fue patético: no voy a decir que hubo euforia, pero si alcancé a percibir cierta satisfacción cuando los rescataron luego de estar 29 días atrapados bajo la tierra; cuatro días menos que los mineros chilenos, sólo que acá rescatamos los cadáveres…; aleluya, es Colombia.

He oído a Pacho Santos como comentarista radial sorprendido por el actual invierno, preguntando a las autoridades encargadas de los temas climáticos o de las emergencias, si el país continuará viéndose como se ha visto en televisión: con las calles y cultivos inundados y los ciudadanos con el agua al cuello.

¿Qué tal? "En televisión" los ha visto y ve don Francisco Santos en su ingenuidad e inocencia, todo un ex vicepresidente de ocho años que uno supone recorrió el país en ese lapso… Quizás por eso hace poco lo escuché decir que la "bancada" (y no la banca) de cierta carretera se había derrumbado…; sigue pensando en las bancadas del Congreso, que también se derrumban todos los días, claro.

 En este momento, 6 y 15 a. m. del jueves 18 de noviembre, mientras entrevista a una ciudadana (Martha Medina), está Francisco diciendo por radio que el invierno ya no es en lugares remotos del país, que ya está en Bogotá, y que eso es espeluznante. ¡Claro que lo es desde hace mucho!, ¡este país es muy espeluznante, don Francisco!

Al menos este invierno tiene algo positivo: abrió los ojos a muchos que sólo veían las tragedias por televisión y que nunca se mojaban. Ver a los empleados del Congreso sacar agua a cántaros del Capitolio fue diciente. Ver barrios de gente adinerada inundados, como antes no pasaba, tiene que concientizar a la dirigencia del país de que hay otra Colombia que sufre cada año lo indecible. Este general invierno tiene que crear conciencia de que cuando hoy llueve y llueve ya ni la cueva le sirve a la vieja ni a nadie.

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