Entender la paz que se busca

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alvaro González Uribe

Alvaro González Uribe

Columna: El Taller de Aureliano

Web: http://eltallerdeaureliano.blogspot.com

Al proceso de paz de La Habana le ha faltado pedagogía y mayor defensa. Por ejemplo, de buena y mala fe circulan dos imprecisiones que se dan por sentadas y le quitan credibilidad: En primer lugar, decir tajantemente que la paz no es solo el silencio de los fusiles, que la paz es salud, empleo, justicia y decenas de bienes sociales que sin duda hay que buscar siempre. Y, segundo, decir que ese silencio de los fusiles no sirve porque será parcial. Ambas ideas son ciertas y de ahí su veneno.
La primera imprecisión nace de que hay muchas definiciones e interpretaciones del concepto paz, pero en el caso del proceso de La Habana siempre se ha planteado que el objetivo clave es una de ellas: el silencio de las armas, es decir, terminar el conflicto con las Farc. Es cierto que precisamente una de las condiciones para acabar ese conflicto es pactar una agenda para cumplir varias demandas sociales justas referentes al desarrollo agrario integral, apertura democrática, drogas ilícitas y víctimas, entre otras, pero esas demandas se cumplirán con el tiempo y ese es el compromiso. Sin embargo, está claro que antes del desarrollo de los puntos de la agenda se deben silenciar los fusiles como objetivo esencial del proceso.

Solo quienes se benefician del estado actual de las cosas están en desacuerdo con cientos de posibilidades que nos den un país con mejor calidad de vida integral para todos. Pero sucede que primero debemos silenciar el mayor número posible de armas, pues se trata de uno de los requisitos del desarrollo integral. La guerra no permite el desarrollo, en especial el de los pobres que siempre son los más golpeados.
La segunda imprecisión que algunos usan para criticar el proceso de La Habana consiste, por un lado, en que será una paz solamente con las Farc dejando por fuera al Eln, a las bacrim y demás delincuencia común, lo cual es cierto, pero nadie puede negar que el conflicto con las Farc es el más intenso y antiguo, y no podemos desechar su terminación argumentando que quedan otros focos de violencia. Por otro lado, también se argumenta en contra que no todos los frentes de las Farc callarán los fusiles. Si eso sucede que es muy posible, pues esos grupos pasan a ser bacrim, lo cual, sin dejar de ser grave, ya implica otro tratamiento que si bien no es fácil, es menos complejo en especial con el camino más desbrozado.
Lograr todo de una vez es un imposible en política y en el manejo de las problemáticas sociales en general. Lógicamente es lo deseable, pero casi nunca es factible. Ese argumento de querer ya la paz total con todos los frentes de las Farc y con los demás grupos proviene de dos lados: Primero, de quienes discrepan del proceso y allí es cuando se convierte en un sofisma, y, segundo, de quienes entienden mal el proceso. Ambos lados a veces se juntan, en ocasiones sin que los segundos sean conscientes de esa alianza.
Los miembros de las Farc que sigan disparando pasan a ser bandas delincuenciales comunes sin el más mínimo cariz político o seudopolítico. Esa condición tiene que ser reconocida por las cabezas de las Farc hoy en La Habana y por los países extranjeros (de allí su importancia en el proceso). Incluso, tanto las Farc como los países extranjeros, de diversas formas según sus posibilidades legales y conocimientos, tienen que colaborar con el Estado en la lucha institucional para combatirlos, como se hace hoy con las bacrim, con las mismas Farc y con el Eln mientras no se firme la paz con ambas guerrillas.
Obviamente, están las demás complejidades del proceso que poco a poco se han ido e irán aclarando y solucionando. Pero es clave no permitir enredar ni perder el foco del mismo.
Dolor: Eso de que tenemos 31 angelitos más en el cielo suena horrible, injusto y vano. Los niños no quieren ni deben ser angelitos; los niños quieren y deben ser niños, y, además, niños felices. Definitivamente día a día nos damos cuenta de que Colombia no es un país apto para niños. Es una vergüenza lo que sucedió en Fundación.