Neofanatismo político juvenil

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alvaro González Uribe

Alvaro González Uribe

Columna: El Taller de Aureliano

Web: http://eltallerdeaureliano.blogspot.com

Los últimos acontecimientos de la campaña presidencial han hecho más notorio un grave y creciente problema en Colombia: el surgimiento de un sector de jóvenes enceguecidos por el fanatismo, generalmente con ideas escasas y confusas orientadas a lo que llaman "derecha".
No critico ni me duelo de la orientación ideológica, no, las diferentes ideologías son parte sana de la democracia aunque sean extremas. El mal está en la poca profundidad, en el mínimo razonamiento, en la manera como dan las discusiones, y, en especial, en cierta proclividad a la violencia.
Y en este caso no me refiero a los jóvenes delincuentes de guerrillas o bandas criminales, hablo de jóvenes que uno puede ver en la calle, que actúan casi siempre dentro de las leyes o en sus límites, y que empiezan a dar sus pasos en la política. Incluso, también de jóvenes pertenecientes a otros grupos como barras bravas, las llamadas tribus urbanas y hasta religiones.
¿Por qué nace este fenómeno tan perjudicial para la democracia y para la sociedad? Todo aquello que excluya la razón, la libre discusión civilizada, y que tenga alguna tendencia hacia la violencia verbal o física, es de cuidado porque puede amenazar más los cimientos sociales e institucionales, en especial si se trata de jóvenes que lógicamente tendrán cada vez más el país en sus manos.
No caigo en el simplismo de pensar que solo se debe ala actual polarización del país y a las cruentas guerras verbales entre candidatos y dirigentes. Sin duda, algo tienen que ver, pero esa polarización política simplemente se ha aprovechado de este nuevo "ejército" emergente de jóvenes fanáticos, a la vez que estos han visto en esa guerra política una manera de expresar su forma de ser, más que sus ideas que son pocas y sin solidez.
Fácil sería decir que es solo culpa del cansancio que tenemos -todos- de la guerrilla, de la huella paramilitar, de esa gasolina que derraman los dirigentes actuales, de la educación, de los medios de comunicación con su violenta programación sin contextos adecuados, en fin, me atrevo a decir que todos tienen que ver en mayor o menor medida. Sin embargo, es labor de quienes estudian las patologías sociales investigar esas y otras causas reales que presiento más profundas, al igual que su grado de injerencia. Sociólogos, sicólogos y antropólogos deben abordar rápidamente este fenómeno. ¿Cuál es su verdadero caldo de cultivo?
Quizá a esos jóvenes les falta algo que tratan de suplir con ídolos de todo tipo, con corrientes políticas extremas (hasta neonazismo), con el ejercicio de la violencia verbal y en ocasiones física, con religiones, con deportes y con otros contenidos que llenan un vacío con el que crecieron.
Sin duda, el fenómeno es alimentado y potenciado coyunturalmente por las nuevas tecnologías, las redes sociales y ese campo abierto de batalla donde arde la política actual. Lo peor es que su crecimiento es evidente y que muchos dirigentes políticos siguen propiciándolo e instrumentalizándolo irresponsablemente. Lo que no han calculado es que ese "ejército" emergente no tiene rumbo ideológico claro ni constante, y que si bien es cierto hoy coinciden con sus "militantes", nadie tiene su manejo y en cualquier momento cambia de ruta.
Siempre nos hemos quejado de la poca participación de los jóvenes en política, pero esta no es la manera. Por fortuna ya hay muchos jóvenes que están empezando a participar con ideas y sin fanatismos, sean de derecha, izquierda o centro, pero participando pacífica y razonadamente.
Alerta naranja con esta nueva tendencia social que nos puede llevar al abismo definitivo, así sus representantes no sean muchos todavía.Ya hemos visto que tan solo dos o tres de estos jóvenes pueden causar perjuicios institucionales y sociales gravísimos, y eso que no todos han salido a luz pública y, por ahora, no todos tienen tal capacidad o voluntad de ocasionar daño.