Santa Marta ciudad costera

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Manuel Vives Noguera

Manuel Vives Noguera

Columna: Opinión

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Durante toda una vida nuestros antepasados, entre ellos a lo largo del recuerdo, mi padre, mi abuelo, el padre de mi abuelo y su abuelo hasta el punto en que nos remontamos a los primeros familiares que llegaron a estas hermosas tierras se divertían y relajaban con el aroma del mar mientras disfrutaban de una exitosa faena de pesca y una noche entre el olor del mar y los aromas de lo que hoy conocemos como parque Tayrona.

De lo anterior solo queda el recuerdo, del respeto por el samario y el pescador ya sea el artesanal o el deportivo casi nada queda y antes vivían en una perfecta armonía, lo anterior se debe claramente al ingreso de una de las instituciones más incomodas que ha tenido la sociedad samaria, la armada nacional y acompañándole la capitanía de puerto.

Es raro pensar que los samarios tenemos que llamar o pedirle permiso a un desconocido sujeto que se hace llamar concesionario del parque Tayrona para poder acceder a este aun por vía marítima o que se nos prohíba hacer pesca artesanal o deportiva, en especial ahora que el deporte marino ha llegado en una nueva expresión a la ciudad con la marina de Santa Marta, sabemos a todas luces que quienes tienen yates o botes grandes y deciden o pescar o pasear en aguas del Tayrona son constante y reiteradamente perturbados por un grupo de enmascarados que porta fusiles y decide tomarse por la fuerza la diversión de los samarios y opaca el deporte y la imagen de nuestra región como en pasadas épocas, los paramilitares o guerrilleros se visten de ley para hacer de las suyas.

Lo anterior no es nada diferente de que el poder en Colombia no pertenece al pueblo sino a los fusiles, los miembros de tan organizada banda abordan como piratas de antiguas y olvidadas épocas las naves de todo tipo y las saquean solo por diversión, aun en frente de niños y ancianos y sin mostrar ningún tipo de respeto por las personas.

De pescar olvídense. Si de requisitos se trata jamás compren un bote pues para un inflable de los más pequeños deben tener siempre en él una interminable lista de poco útiles accesorios como un balde de arena, claro está en el balde, una lona que cubra todo el bote, luces de navegación, siendo que para navegar de noche se requiere permiso especial y toda una infinidad de cosas como un espejo, parece que alguien se va a peinar en el mar y si bien algún uso aparente tienen jamás se usan y aun así los exigen y si todo lo que pide capitanía de puerto debe estar en el bote entonces ¿dónde voy yo?.

La armada nacional siempre encontrará una excusa para molestarlos, abordarlos y retener la embarcación, lo cual frena la promoción de los deportes marinos como buceo, pesca y esquí náutico, en Colombia es más fácil tener un arma que un bote y no precisamente por el precio pues las armas son supremamente costosas y tienen exagerados requisitos, pero tener un bote es aún peor, tiene más requisitos y si decide usarlo piense en llamar al presidente, al general de las fuerzas militares, al señor Besudo, y si es posible al alcalde y los concejales, además debe tener un documentico que se llama sarpe que no sabemos para qué sirve porque si realmente va a sarpar debe solicitar ese documento en la ciudad de Bogotá donde no hay mar y quienes dan el sarpe no ven la nave. S

e tornó imposible hasta bañarse en el mar y si piensa ir a algún lado mejor vaya a pie. Suena un poco sarcástico pero estamos acá desde antes de que la armada llegara y estaremos después de que se vayan. Los samarios mostramos indiferencia ante lamentables hechos que ocurren en nuestras narices y aun cuando a veces no nos toquen no quiere decir que dejen de ser abusos, ojala las procuradurías tomen cartas en el asunto, ojala terminen con el régimen de los fusiles y las multas y empecemos con educación, con un buenos días, con un simple hola.

La verdad es que los miembros de la armada nacional en la ciudad de Santa Marta no necesitan armas porque quienes habitamos el mar de esta ciudad y sus cercanías no somos delincuentes, por el contrario la armada y la capitanía de puerto deben implementar unas pocas políticas que hagan más segura la actividad marítima y no con multas sino con educación, no con fisiles sino con respeto, de seguro serían más aceptados y el mar seria más seguro. El poder no debe residir en los cañones de las armas sino en las ideas de la sociedad, basadas en la recta razón.

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