Onomatopeya de la paz

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Escrito por:

Wilfrido De la Hoz

Wilfrido De la Hoz

Columna: Opinión

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La onomatopeya de la paz quiere reflejar la idea de un proceso no muy bien explicado y por lo tanto incomprendido por la comunidad nacional.

Según la Real Academia Española, la onomatopeya es la imitación o recreación del sonido de algo en el vocablo que se forma para significarlo o vocablo que imita o recrea el sonido de la cosa o la acción nombrada.
Actualmente los colombianos estamos invadidos de una fraseología cargada de intención electoral, invitándonos a aceptar o a creer que estamos ¨ad portas¨ de obtener, lograr o conseguir la firma de un acuerdo para poder convivir unos en compañía de otros sin disparar a matarnos. Ese posible logro conllevaría a una idea generalizada entre quienes la promueven, la cual se aproxima a un concepto etéreo, vago, sutil, vaporoso que le llaman ¨paz¨.
De acuerdo con las expresiones del presidente Santos y quienes apoyan esta tarea, ya sea porque están convencidos de ello o porque encierran a hurtadillas y sutilmente algunos intereses, es que se hace imprescindible que la plática entre las partes que manifiestan sus ideas o discuten en búsqueda de avenencias conduzca a la inequívoca conclusión de que se hace necesario reelegir al presidente Santos para que concluya la onomatopeya de la paz.
Vale la pena indicar que las políticas sobre procesos de negociación o de conversaciones con la guerrilla de los últimos tres presidentes son consistentes, aunque algunos consideren que no es así. El presidente Pastrana creyó en su proceso desde un principio, hasta que se sintió engañado y puso punto final a las reuniones con las Farc-ep. El presiente Uribe recogió en parte los logros que alcanzó Pastrana y montó su proceso de Seguridad Democrática con base en un principio propio de que dialogaría con la guerrilla cuando ésta estuviera contra las cuerdas. Los dos períodos no le alcanzaron. El presidente Santos, mediante una fuerza que individualiza la tendencia de su amigo Tony Blair, está actuando con su estilo de tercera vía, diagonal frente a los dos presidentes anteriores.

Entretanto durante el discurrir de las fuerzas políticas, judiciales, económicas y sociales de Colombia, han sucedido tantas cosas buenas y malas que el escenario ha cambiado mucho, lo cual no permite inferir que si Pastrana o Uribe y la guerrilla hubieran actuado de tal forma, llegaríamos a puerto seguro.
De acuerdo con el análisis de todas estas circunstancias muchos colombianos piensan que de lo que se pretende es una paz de mentiras. Las encuestas indican con claridad que el 23% de los colombianos no están de acuerdo con las reuniones en La Habana. Eso no significa que no quieran la paz, pues en un país de 47 millones de habitantes ese porcentaje representa 10,8 millones de personas.
Esperamos que se cumpla lo aprobado en la ley y expresado por el presidente Santos, en el sentido de que lo acordado y firmado entre el Gobierno y las Farc-ep será sometido a decisión de los ciudadanos para que lo votemos de acuerdo con nuestro saber y entender.
Estamos observando mucho énfasis en dividir a quienes están o simulan estar de acuerdo con lo que ¨nada está acordado hasta que todo esté acordado¨ y quienes oyen la Onomatopeya de ¨la paz¨.
Ese énfasis para dividir tiene su fundamento en la reelección.

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