La ineludible realidad de las monedas virtuales

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Andrés Londoño Botero

Andrés Londoño Botero

Columna: Bitácora del primer y cuarto cuadrante

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La forma como realizamos nuestras transacciones se transforma, el dinero ha evolucionado para facilitar el intercambio entre los agentes de la economía. En los albores de la humanidad se utilizaban mecanismos pocos prácticos para el desarrollo de la actividad comercial. El trueque y los medios de pagos pesados representaban grandes retos logísticos para realizar las transacciones diarias en un solo viaje.
Con el surgimiento del comercio entre ciudades, la necesidad de facilitar el traslado del circulante desembocó en la aparición de letras de cambio y de un sistema de banca primitivo, que a mi punto de vista no se origina con la banca italiana sino con la labor desarrollada por los Caballeros Templarios, quienes, en sus fuertes, vigilaban las riquezas de terceros, expidiendo letras de cambios por éstas, y prestaban servicios de forex (mercado de divisas y comercio internacional), entre otros.
Con el surgimiento del papel moneda y las letras de cambio, se da el paso definitivo la transformación de una de las características que antaño había tenido el dinero, el de tener valor intrínseco. Esto quiere decir que, a diferencia de las monedas de metal que efectivamente tenían el valor que representaban, el papel moneda representa un valor superior al costo de los materiales que lo compone.
Con el fin de lograr confianza en el nuevo circulante surgieron algunos colaterales, en el caso de las letras de cambio los papeles estaban respaldados por depósitos de metales u otros bienes, en el caso del papel moneda algunos bancos implementaron el patrón oro. Sin embargo, con el paso del tiempo, el colateral fue cambiando hasta convertirse en la confianza que depositan los poseedores de dinero en el banco emisor.
El dinero plástico es otra respuesta a la necesidad de facilitar las transacciones comerciales. Evitan portar una cuantiosa cantidad de circulante físico para realizar transacciones de altos montos. También, los riesgos de robo se reducen, ya que en la mayoría de los casos se exige una contraseña u identificación para realizar transacciones con tarjetas.
Actualmente, el comercio a través de medios virtuales crece vertiginosamente, ya no hace falta portar dinero ni tarjetas para comprar los bienes deseados. Como respuesta a las nuevas dinámicas ha surgido una nueva generación de dinero, que no responde a ningún monopolio de banca central. La definición de confianza en el sistema monetario está cambiando y los Gobiernos no pueden ser ajenos a este cambio. Los anuncios de la superintendencia financiera que desconocen las transacciones con dinero virtual, y la reiteración del Banco de la República sobre la definición del bitcoin, que según el Banco no es dinero, son declaraciones de corto plazo que evitan el análisis de lo que será el nuevo sistema monetario mundial.
Con el surgimiento del dinero virtual se crean nuevos retos para los entes de vigilancia, control y respaldo. En el futuro, los bienes se transarán con medios de pago no vigilados ni respaldados por Gobiernos. Lo que debería hacer pensar a las instituciones cómo prevenir las transacciones de sustancias ilícitas, armas o lavado de dinero. Si la tendencia irrevertible es a usar el bitcoin como reserva de valor y no el Peso, ¿cómo cubrir a los poseedores ante devaluaciones abruptas?, también, el sistema financiero deberá analizar la opción de otorgar préstamos y permitir depósitos en moneda virtual, para prevenir el eventual retiro de dinero de éste.
Con la moneda virtual se evitan ciertas cosas que a la gente le molesta de la política monetaria tradicional, como por ejemplo el señoreaje y niveles altos de inflación. En vez de negar la propagación del dinero virtual, los Gobiernos deberían pensar en qué se va a transformar la política monetaria y sobre quién va a recaer el poder de la misma.

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