Reflexiones para la paz

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alfonso Lopez Carrascal

Alfonso Lopez Carrascal

Columna: Pedagogía Constitucional

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La paz es un derecho y un deber, sin excluir a nadie. Desde la década de los 70 el narcotráfico ha venido mostrando sus garras detrás de las organizaciones criminales, y por supuesto de muchos políticos que se han usufructuado de ella, y el país, al igual que la clase política, ha salido desprestigiada de este pase o comportamiento.

Como señala Salazar Pineda, el atraso en el campo, las secuelas de la violencia, el desempleo, la miseria y el abandono de los gobiernos para con el campesino, el obrero y el pueblo, han estimulado el florecimiento de ese mercadeo de los alcaloides. En el caso de la marihuana fue perseguida en el país del norte, mientras no se producía en los Estados Unidos. Hoy en día, no les inquieta, como sucedió con la historia del whisky, que hizo ricos a familias acomodadas como los Kennedy.
Aquí en principio fuimos indiferentes, y en cierta forma complaciente, en la manera como corría el dólar, y hoy muchos repudian esa actividad en público, que anhelan en privado, comportamiento que distingue al pequeño burgués, arribista, aparentista e hipócrita. No podemos ver el problema de las drogas, como un asunto meramente personal, sino que constituye fundamentalmente un hecho económico y social. Para Colombia el mercadeo es un accidente geográfico y de acuerdo con la ley de la oferta y la demanda, mientras haya demanda, habrá oferta, y reduciendo individuos a la cárcel, no se resuelve nada mientras, como decía Tomás Moro hace quinientos (500) años, si queremos luchar contra el delito tenemos que luchar contra sus causas, pero indudablemente el narcotráfico, constituye apenas una de las modalidades, y como dice Salazar, no la más nefasta de la mafia. Y podemos ver hoy que sectores de la banca, la industria, el comercio, la misma política, están enmarañados con ese mundo, donde el dinero fácil y el enriquecimiento rápido se imponen. Bien recordaba García Márquez: "la sociedad colombiana está drogada", y que los llamados dineros calientes, han aliviado, sin proponérselo, la angustia de la economía nacional. El autor francés Lacasagne decía que la sociedad incubaba el crimen y el criminal la ejecutaba. Y por eso puede decirse que la criminalidad no es privilegio de anormales, ni que las cárceles sean unos manicomios, sino que ella es producto de una sociedad que crece y busca su propia identidad. Lo anterior explica también que crímenes como los de Córdoba, Sucre, Uribe Uribe, Gaitán, Galán, y otros no hayan sido posible ser esclarecidos por la justicia, y si no hay justicia tampoco habrá paz, ya que allí también puede haber un brazo de la mafia, vendiendo autos y sentencias. Se exige de una pedagogía social, que conlleve una cultura política, para que el país no siga rodando abajo, sino que a tiempo hagamos un pare y un inventario solemne de todas nuestras instituciones, si no queremos que los efectos del bogotazo sigan reinando en nuestro querido país.

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