Mortalidad por accidentes viales en el planeta

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Escrito por:

José Tovar Delgado

José Tovar Delgado

Columna: Opinión

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Debe ser motivo de alarma, y razón para redoblar esfuerzos en prevención, que las muertes en accidentalidad vial en los países en vías de desarrollo alcancen cifras propias de una pandemia. 

Es alarmante, las cifras de accidentes en calles y carreteras de las ciudades de Colombia y en los países en vías de desarrollo por descuido muchas veces del peatón al atravesar las calles por lugares inapropiados o de los conductores de los vehículos, pues estos pasan por las calles, a alta velocidad por donde existen los semáforos, como Pedro por su casa, sin vigilar quien viene por la vía, o muchas veces sin fijarse si el semáforo está en verde para seguir, ni se fijan. Sin importar si el que viene cruzando la calle es una señora con su recién nacido en un coche o una señora o señor mayor con dificultad al caminar, o unas personas con dificultades por un problema al nacer por el cual ha quedado viciados de por vida.

El último diagnóstico de la organización mundial de la salud sobre motilidad por accidentes viales en el planeta no sorprende, pero si alarma.

De acuerdo con las estadísticas más recientes, si esta desastrosa tendencia sigue creciendo al ritmo actual para el año 2030, se perderán dos millones de vida cada año por esta causa. Setecientas más que ahora, cuando la cifra es de 1.240.000. Las causas según la organización, se encuentran principalmente en la infraestructura Inadecuada, en el parque automotor viejo y en la falta de educación vial y legislaciones apropiadas. Todas, valga decirlo, son condiciones prevenibles.

Sobra decir que el problema se concentra en los países en vías de desarrollo, que si bien tienen menos carros que las naciones desarrolladas, ponen, de manera injustificada, algo más de un millón de muertos anuales, o sea, el 80% del total.

A este paso, no es exagerado que las propias autoridades mundiales de salud califiquen la accidentalidad vial como una autentica pandemia asociada al subdesarrollo, y que se atrevan a decir que su mortalidad alcanzará los niveles de las ocurridas por el sida.

Los efectos negativos no paran ahí, pues se estima que estos siniestros implican gastos equivalentes, en estas naciones, de hasta el 5% de su producto (PIB), una cifra que no supera el 2% del PIB en el primer mundo.