La Venezuela ingobernable

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Juan Echeverry Nicolella

Juan Echeverry Nicolella

Columna: Purgatorio

e-mail: [email protected]

Twitter: @JPEcheverry

Mucho se ha dicho de la actual crisis social, política y económica que vive Venezuela. Las imparables protestas que vemos a través de medios y de redes sociales son la válvula de escape a la situación de agobio de los venezolanos por las consecuencias visibles de un modelo que evidentemente fracasó.

El llamado socialismo del Siglo XXI se mantuvo unos años gracias a un conjunto de políticas públicas insostenibles fiscalmente, que seguramente dieron un tiempo de beneficios reales a la población, pero que a largo plazo dejaron una situación lamentable. Por cada año que un padre recibió una casa del gasto público desmesurado, sus hijos y nietos tendrán escasez y sufrirán niveles altos de inflación por décadas. Muchos lo advirtieron y hoy la realidad demuestra sus teorías: el remedio chavista resultó peor que la enfermedad. Cierto es que Venezuela sufrió innumerables dificultades antes de Chávez, pero también que hoy está peor.

Luego de la muerte del caudillo y más allá de la legalidad o de la legitimidad del hecho, Maduro recibió un país con un problema tan serio como tan poco analizado en el contexto: la gobernabilidad. O mejor la ingobernabilidad.

Uno de los grandes autores de las ideas políticas modernas, Norberto Bobbio, definió la ingobernabilidad como el problema de la diferencia entre las demandas debidas a las necesidades de la población y la respuesta a ellas con soluciones por parte de quién dirige la administración pública. Existen dos salidas a este inconveniente. La primera es la opción social-democrática, que intenta mejorar y reforzar los servicios como respuesta a las demandas sociales. Es la opción por la que muchas veces optó el mismo Chávez, llegando incluso al extremo de llevar a Venezuela a la forma de Estado asistencialista con sus riesgos y consecuencias conocidos. No era la única forma de asumir esas demandas, de ese modelo de Estado llamado social o de servicios también hacen parte los neoliberales que intentan dar solución a las problemáticas pero por medio de un aparato estatal mínimo con una burocracia reducida. La segunda salida, es la de la disminución forzada de las demandas. Ésta, por supuesto, es la opción autoritaria que pretende resolver el problema reduciendo la capacidad de los ciudadanos para generar y proponer sus demandas. Es el típico caso en el que se suprimen las libertades de publicación o de asociación y se condiciona el voto. En este caso podemos encontrar rasgos de las maneras de Chávez, que jugaba con una mezcla de ambas estrategias, pero no podemos negar que durante sus años de gobierno populista, Venezuela tuvo una ciudadanía activa, o al menos un sector de ella. El que sí encaja a la perfección en esta segunda opción autoritaria es el gobierno represivo de Maduro, que no le llega ni a los tobillos a su eterno comandante y que a través de la represión ha potencializado el descontento de sus compatriotas por las necesidades insatisfechas volviendo a su país cada vez más ingobernable.

La ingobernabilidad es causa, pero también consecuencia del abuso del poder en Venezuela.

Parece que se demuestra una vez más la asertividad de Bolívar, que en una carta enviada al general Juan José Flores el 9 de noviembre de 1830, afirmó: "La súbita reacción de la ideología exagerada va a llenarnos de cuantos males nos faltaban... El que sirve a una revolución ara en el mar". Hago votos porque la precisión de El Libertador no haya sido tan exacta cuando en la misma misiva aseguró: "Ud verá que todo el mundo va a entregarse al torrente de la demagogia... La única cosa que se puede hacer en América es emigrar... La América es ingobernable para nosotros".

Los ideales de la democracia liberal, guiados por los principios del orden conservador, siguen siendo esperanza de libertad y de derechos para muchos. La gobernabilidad de una América libre sigue siendo una causa por la que debemos luchar hoy los hijos de Bolívar.

Tiempo extra: Permanecí un tiempo alejado de mis columnas por respeto a usted, el lector, que es el fin último de estas reflexiones. Álvaro Uribe me dio la oportunidad de ser el candidato más joven del país al Congreso de la República y acepté con la convicción de representar la esperanza de los jóvenes de dejarle a la generación de nuestros hijos un mejor país del que nos dieron nuestros padres. Por esa posición, decidí no interferir con este espacio periodístico. Vuelvo con alegría a seguir compartiendo ideas. Hoy elegimos un nuevo congreso. No deje de votar, vote por quien quiera pero vote a conciencia. No bote su voto.

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