Esclavismo o libertad

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Escrito por:

Gustavo Hernández López

Gustavo Hernández López

Columna: Opinión

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En un concepto profundo y realista el gran militar, pensador y político Winston Churchill, describía lo que es el comunismo: "Es la filosofía del fracaso, el credo de la ignorancia y la prédica a la envidia; su virtud inherente es la distribución de la miseria".

Igualmente a su juicio la democracia: "Es el menos malo de los sistemas políticos". También nos señala que un apaciguador:" Es alguien que alimenta un cocodrilo con la esperanza de que será el último en ser comido por él". Cabe recordar que Churchill solo contra todos saltó la alarma contra Hitler en 1933 cuando manifestó: "Un peligro para la paz y la civilización".

Otro pensamiento churchilliano tiene que ver con la dictadura: "Es la devoción fetichista por un hombre, es una cosa efímera, un estado de la sociedad en el que no puede expresarse los propios pensamientos, en el que los hijos denuncian a los Padres; un Estado semejante no puede durar mucho tiempo". De la misma manera sobre la evolución mental de carácter político afirmaba: "El que llega a los 20 años y no es liberal no tiene corazón y el que llega a los 40 y no es conservador, no tiene cerebro".

"El tiempo se encarga de mostrar la verdad y la justicia es Dios", decían los antiguos filósofos. Esa frase sintetiza aquello que sucede en el curso de la vida y también en los estrados judiciales, donde a menudo en última instancia prevalece la justicia divina y en la medida en que trascurren los días se aclara y se conoce la verdad en estos procesos jurídicos.

La verdadera diferencia entre el comunismo y el socialismo del siglo veintiuno, es decir el chavista de nuestros vecinos es que ambos esclavizan al ser humano, pero el primero por la fuerza y el segundo mediante el voto. Eso lo estamos observando en el país fronterizo y creo que nos sirve para no seguir ese ejemplo.

Muchos se atrevieron a comentar con optimismo infundado, con motivo de las elecciones venezolanas primero con Chávez y luego con Maduro, de que en esos comicios sí se iba a derrotar a las fuerzas chavistas. Algo utópico y ese fue y sigue siendo mi criterio al respecto. Evidentemente se ganaba en las urnas pero el Consejo Electoral Chavista reconocía a Chávez o a Maduro como presidente, como en efecto sucedió. Nos toca poner de presente de que el comunismo se creó para engañar al hombre, mover las masas, pero sobre todo para perpetuar a unos pocos en el poder.

Lenin expresaba que para lograr el poder en una sociedad, ante todo hay que golpear al Ejército, pues al hacerlo siendo la columna vertebral de un Estado, éste no solo flaquea sino que así sucumbe y consecuencialmente queda en nuestras manos. Con este corolario se entiende la razón de ser de los embates contra nuestro cuerpo armado. Sin pruebas, con montajes, especulaciones, verdades a medias, sin derecho a la defensa y al debido proceso se lanzan a la picota pública a varios generales y peor aún se impacta gravemente a la inteligencia militar, como lo he comentado en una columna sobre ese particular.

La política de seguridad democrática del Gobierno de Uribe con resultados a la vista, singularmente positivos, dejó muy maltrecha y aniquilada a la guerrilla, en el campo militar. Sin embargo en la Administración de Santos, ésta ha tomado aire y ventaja contra el Ejército en el orden político, internacional y judicial. Lo más negativo es la infiltración de los grupos subversivos en el mundo político, universitario, de la justicia y dentro del aparato estatal.

Los pokeristas y los comunistas se caracterizan por engañar, como lo hemos advertido y nuestro Presidente es el número uno en ese arte. No había conversaciones con la Farc y así lo aseveraba y hacía un año estaban sentados en La Habana con sus emisarios. Contra las realidades que todos percibíamos osadamente aseveró que no había paro agrario. Escribía contra Chávez y de un momento a otro resultó ser su mejor amigo o mejor aún su aliado. Ante los hechos protuberantes ha tenido que dar explicaciones para no quedar tan mal.

En estas elecciones del próximo domingo, podemos todavía escoger entre la libertad que no la valoramos porque no la hemos perdido y el camino a la esclavitud a donde nos conducen los que quieren acabar con el sistema democrático. Es preferible resolver los demócratas nuestros problemas y no que los antisistema nos digan cómo se debe manejar el Estado. Eso sería un contrasentido. Abramos los ojos y votemos con plena conciencia de que con nuestro voto estamos salvando a Colombia de un Régimen como el venezolano.

Confío en nuestro pueblo, en su madurez política, que nos distingue en el panorama latinoamericano y que en los momentos decisorios ha sido superior a sus dirigentes. Estoy seguro de que ese componente humano se volcará a las urnas y será el contrapeso a la mermelada y al populismo gubernamental.

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