Se madura la "cubanización"

Columnas de Opinión
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Escrito por:

José Lafaurie Rivera

José Lafaurie Rivera

Columnista Invitado

e-mail: jflafaurie@yahoo.com

Parece inevitable la "cubanización" de Venezuela. El ineficiente régimen de Maduro capitalizó las recientes protestas para profundizar la tendencia autoritaria. Han sido 5 lustros de anulación de libertades, pero ahora el colapso de la cuasi-democracia es inminente.

Maduro y su séquito del Socialismo del Siglo XXI necesita acallar por la fuerza, el malestar de un país que escapó a su gobernabilidad. Vergonzoso que el hemisferio y particularmente Colombia, avalen con su silencio la escalada de represión y el ilegítimo encarcelamiento de Leopoldo López, líder de la oposición venezolana. Sometido como está el Presidente Santos a los diálogos en La Habana, apadrinados por el Castro-Chavismo, sólo hizo un "llamado a la calma" para sacudirse el deshonor y seguir "de agache".

Es una traición a la tradición democrática de Colombia y una afrenta a los venezolanos. El llamado a la calma fue un maullido, ante el discurso vociferante de Maduro para justificar lo indefensable y buscar apoyos en su zona de confort: la Celac, el Alba o la Unasur, que son la misma patraña Castro-Chavista para borrar de la región la fiscalización a su régimen. Lo grave es que de la mano del Presidente Santos, Colombia se enredó en ese integracionismo, que mantiene la farsa de proteger las libertades y derechos humanos, mientras muchos de esos gobiernos ejecutan prácticas totalitarias en las narices de los gobiernos "amigos" y la OEA, arrodillada en la cumbre de la Celac en Cuba.

Son pasos para inhabilitar el Sistema Interamericano de Derechos Humanos, sacado a empellones de Venezuela y vapuleado en Ecuador, Bolivia y Nicaragua, ante la mirada acrítica de nuestro Gobierno. Y es que no caería mal unir esfuerzos para eliminar el poder de esas instancias sobre los déspotas de allá y los desafueros que campean aquí desde la mesa de negociación en Cuba, donde las Farc buscan la misma impunidad de sus mentores. Claro es, entonces, que la oposición en Venezuela está sola, en medio de gobiernos permisivos con las dictaduras. Así las cosas, el esclarecimiento de los crímenes, la libertad de los opositores y el restablecimiento del Estado de Derecho allí, serán para otra ocasión.

Del Gobierno de Colombia nada se puede esperar. Con la mordaza de los diálogos con las Farc, tiembla ante el rugido de líder bolivariano.

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