Volví a Costa Rica

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Escrito por:

José Tovar Delgado

José Tovar Delgado

Columna: Opinión

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Después de 35 años de no ir a Costa Rica, pude presenciar las elecciones presidenciales que se cumplieron en ese país, lo cual sigue siendo una verdadera fiesta democrática muy alegre, pues las personas respetan el criterio político de los demás.

Eso es tan cierto que entre las familias puede haber miembros con diferentes ideas políticas e incluso con distintos candidatos y votando por corrientes diferentes. Salen en sus carros por las distintas calles de la ciudad de San José, su capital, y del resto del país, con las banderas de su candidato y pitando con distintos tonos, que identifican a la persona de su preferencia, convirtiendo esta fecha en un verdadero carnaval, donde no se escuchan insultos ni graves ofensas. Qué diferencia tan grande con la agresividad y la mala prensa que se vive en Colombia para estas épocas de campañas políticas, donde se agrede a las personas sin ninguna consideración.

En esta ocasión hubo dos candidatos que sacaron la votación más numerosa, por lo tanto el Tribunal Supremo de Costa Rica convocó a una segunda vuelta prevista para el próximo 6 de abril, algo que no sucedía desde 2002. Los candidatos son Luís Guillermo Solís del partido Acción Ciudadana (PAC), y Johnny Araya, del partido Liberación Nacional (PLN), quienes desde esta semana comenzaron a alistar sus discursos para defender sus respectivas propuestas de gobierno, antes de la nueva cita a las urnas.

Según lo anunciado, esos planes abarcan problemas esenciales como la corrupción, el desempleo, la pobreza, y la desigualdad.

Los equipos de las campañas de ambos aspirantes que irán a las urnas nuevamente este año informaron que las dos organizaciones políticas decidieron restringir el número de diálogos públicos con el fin de no rebasar las cinco presentaciones por cada uno de los contendientes en el mes de marzo.

Encontré a la ciudad de San José con un gran desarrollo, con amplias avenidas y puentes elevados para facilitar el tránsito, como en las grandes capitales del mundo. Igualmente la segunda ciudad del país, Cartago, en cuya hermosa catedral se venera con gran devoción por sus milagros, a la virgen de los Ángeles, patrona del país y a cuya festividad el 2 de agosto de cada año acuden todos los costarricenses.

Pero principalmente quiero resaltar el desarrollo que ha tenido el ecoturismo en Costa Rica que es extremadamente conocido entre los turistas internacionales que visitan la extensa red de parques nacionales y de aéreas protegidas. Ese país fue uno de los pioneros en este tipo de turismo y es reconocido internacionalmente como uno de los pocos que cuenta con verdaderos destinos de ecoturismo. En el año 2006, un 54% de los visitantes extranjeros visitaron al menos dos de sus parques. Estos provienen principalmente de Estados Unidos, Europa y el Canadá.

En años recientes varios de los mejores proveedores de servicio de viajes del país han sido reconocidos a nivel internacional por su compromiso con el concepto de turismo positivo para el planeta. En 1996 se implantó el Programa Bandera Azul Ecológica con el fin de promover el desarrollo turístico al mismo tiempo que permite limitar los impactos negativos de esa actividad, a través de la organización de la comunidad con el fin de evitar la contaminación y proteger a los visitantes. El programa evalúa la calidad ambiental de las zonas costeras en términos de la calidad de las playas y del agua del mar, acceso y calidad del agua potable, tratamientos de las aguas residuales y manejo de desechos para así mejorar la forma en que los recursos naturales y sociales son utilizados, motivando la participación de las comunidades locales. Qué bueno sería que en Santa Marta se pudieran desarrollar programas similares en el Parque Nacional Tayrona. El Gobierno Nacional, al igual que el Departamental, debería tomar como ejemplo lo que ha hecho este pequeño país con sus recursos naturales.

Hoy en día Costa Rica está incluida en las listas de los 10 Mejores Destinos Éticos del Mundo en Desarrollo. Este reconocimiento está fundamentado en un estudio de los países en desarrollo y la medición utiliza categorías como protección ambiental, bienestar social y derechos humanos.

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