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Escrito por:

Eliecer Avendaño Restrepo

Eliecer Avendaño Restrepo

Columna: Nueva Misión y Visión

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Existe un silencio mudo, que produce la indiferencia que siempre ha vivido subida a la espalda de los pobladores de esta tierra, duerme pegadita a sus memorias para borrar sus recuerdos, no hace gestos ni señas, solo detiene cualquier impulso que lleve al reclamo y al pedido de mejorar, no acumula engaños, ni mentiras,

no recuerda que fueron promesas no cumplidas, que pasan los años y siempre se repite el mismo estribillo: "Haré el puente y el río" pero ahora las promesas son otras los votantes también, el mundo ha cambiado y a pesar de que Santa Marta, tiene todas las ventajas comparativas, no concursa a nivel nacional y el Sistema General de Aportaciones (SGA) y el Sistema General de Regalías (SGR) dependen de la buena voluntad del Departamento Nacional de Planeación (DNP) y el ministerio de Hacienda.

El Departamento del Magdalena y especialmente Santa Marta, no tienen suficiente fuerza representativa en el Congreso de la República, parece que su motor es silencioso. Son entes no solo abandonados sino olvidados, por la Nación, con un maquillaje que se presenta con bombos y platillos y se queda solo en eso. Con un futuro incierto que camina por una avenida larga llena de obstáculos, que se los inventan los propios, los extraños y los venidos de otros lugares, que encuentran campos fértiles para desbocar su ingenio malévolo y desplazar una raza dormida y adoradora de la calma y la complacencia que penetra todo su cuerpo y que en algunas ocasiones despierta cuando todo ya ha pasado y todos se asombran y se hacen los comentarios de un día que es el único castigo con el cual sanciona nuestra sociedad actos repudiable y corrupto en contra del bien común.

Ahora es el momento de reaccionar, no uno, ni dos ni tres, todos los ciudadanos samarios, reflexionar, pensar con ventaja, ganarle una partida a los políticos, votar por quien en el ejercicio de sus funciones en el congresos va a tener presente a nuestra querida tierra, que estemos seguros que después de elegirlo va a recibir todos los proyectos de la ciudanía y lo va presentar al gobierno, que va a luchar por nosotros, que su orgullo sea haber nacido en un pueblo olvidado, pero lleno de gente buena de espíritu alegre que llevan la vida siempre cercana al pensamiento positivo, que rechazan la violencia y aman la paz, que se contentan con poco y que esperan con ansia al redentor social, que reconstruya su Cultura y su Historia.

El deseo de la comunidad deambula por calles y carreras, parques y avenidas, toca todas las puertas y espera la respuesta de amor por Santa Marta, toca la corneta y llama a gritos con una voz motivante, para que la decisión electoral no sea económica, no sea producto de presión, no sea burocrática, sino pausada y tomada a conciencia.

Un voto por el futuro y si no sabe cómo se hace este acto de fe, entonces pregúntele a su corazón que él le hablará con suficiencia y claridad.

También el deseo del procomún que adora nuestra tierra, si observa que continua la situación ancestral, políticos y votantes amangualados, unos a vivir y gozar de su posición lleno de olvido de su tierra y el otro indiferente, impasible, insensible, adormilado y lo peor de todo sin complejo de culpa por haber elegido a tamaño esperpento, solo queda que la naturaleza en su sapiencia eleve las olas del mar y amenace con tragarse con asco a quienes siguen esquilmando el erario público y obstaculizando un mejor mañana para la sociedad samaria.

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