El voto en blanco, ¿una amenaza?

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Escrito por:

Halinisky Sanchez Menéses

Halinisky Sanchez Menéses

Columna: Opinión

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Las últimas encuestas en Colombia han traído como novedad el interés de los colombianos por el voto en blanco.

La democracia en Colombia, es una democracia frágil, eso explica la existencia de grupos al margen de la ley que desde hace más de cinco décadas han impedido que esta se robustezca y sea una democracia integral y efectiva, su debilidad institucional sumado a la histórica cultura de la corrupción propia de un país latinoamericano, explica los históricos niveles de abstencionismo y en las últimas encuestas el crecimiento inusitado del voto en blanco.

En el año 2006 cuando fue reelegido el Doctor Álvaro Uribe, el abstencionismo estuvo alrededor del 55% de los ciudadanos aptos para votar, en las elecciones de 2010 cuando fue elegido el presidente Santos, este porcentaje fue del 51%, esta pasmosa realidad inquieta a los estudiosos de las ciencias políticas, ya que no se puede sostener que una democracia es legítima cuando más de la mitad de sus electores ni siquiera votan.

Bueno ahora frente al abstencionismo histórico y escandaloso de nuestro país, se suma el voto en blanco, en un reciente sondeo de la firma Cifras y Conceptos, el 30% de los encuestados aseveró que votarán en blanco para las presidenciales, este porcentaje supera la intención de voto por el presidente-candidato Juan Manuel Santos que es del 26%, seguido por Enrique Peñaloza con un 9%, Clara López con un 7% y Aida Avella con un 1%.

Lo anterior denota tres cosas: La primera que el abstencionismo en Colombia sigue por el orden del 50%, que los votantes de siempre se inclinan por el voto en blanco, pero que de todas maneras ese porcentaje no da para que el voto en blanco gane y obligue a repetir elecciones.

De acuerdo con la sentencia C-490 de 2011 de la Corte Constitucional, que declaró la exequibilidad de la Ley 1475 (Reforma Política), el voto en blanco es "una expresión política de disentimiento, abstención o inconformidad, con efectos políticos" y agrega que "el voto en blanco constituye una valiosa expresión del disenso a través del cual se promueve la protección de la libertad del elector. Como consecuencia de este reconocimiento la Constitución le adscribe una incidencia decisiva en procesos electorales orientados a proveer cargos unipersonales y de corporaciones públicas de elección popular".

También cabe aclarar que es un mito el de que los votos en blanco se le suman al ganador, en el evento en que el voto en blanco obtenga la mitad más uno de los votos en una elección se obligaría a nuevas elecciones con nuevos candidatos.

Y es allí donde se acaba la magia de esta opción, pues si bien es cierto quien vota en blanco manifiesta su inconformidad y esta es una posición crítica, también es muy cierto que el sistema sigue intacto y con nuevas elecciones, los nuevos candidatos serán también corruptos en su mayoría, así que votar en blanco me recuerda a Simón el bobito cuando sus primos hicieron un hueco y no sabían dónde echar la arena y Simoncito aconsejó hacer otro hoyo y echarla allí.

El problema no es tanto el corrupto que postula su nombre, el problema es quien lo elige votando por él o no votando, el voto en blanco no cambia las cosas, pues de repetirse los comicios, se inscribirán nuevos corruptos, el problema no es de afuera, es de adentro, no se trata de una nueva elección, sino de un nuevo corazón y un pensamiento nuevo en el ciudadano, eso solo puede hacerlo Jesucristo, a quien nuestra ciudadanía nunca ha querido oír.

Clavos y Canela: Benedetti en su campaña a promocionado un video de dos hombres besándose y los medios de comunicación aplaudieron y la ciudadanía calló, pero cuando la doctora María Fernanda Cabal también candidata pública en un comercial defendiendo la familia cristiana, monógama y heterosexual los medios le caen encima y la ciudadanía calló, no será que ¿El silencio otorga?

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