Cortina de humo

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Jorge García Fontalvo

Jorge García Fontalvo

Columna: Opinión

e-mail: jgarciaf007@hotmail.com

Hace un par de días, mientras los ciudadanos del común nos enterábamos que una de las empresas promotoras de salud colombianas era sancionada con una multa de más de 7 mil millones de pesos por causa de los abusos que se cometen en contra de los usuarios, un menor de edad que requería atención médica, moría en las puertas de una entidad hospitalaria.

Esto lo que realmente parece es una cortina de humo para cubrir la villanía de los mercaderes de la muerte. Dicen esto: Sancionamos a los amigos y esperemos que el pueblo ignorante calle. La verdad, pienso que los que aparentemente sancionan, hacen parte de las mismas empresas negligentes. Y al final, con sanciones o sin ellas, los deshonestos siguen haciendo de las suyas.

Aunque ustedes no lo crean, por miserables 70 mil pesos dejaron morir un inocente en las puertas de un hospital. Si, como lo ven, esa es la cifra en que se tasa la vida de un ser inocente en "El país del sagrado corrupción." (Recuerden que no es un error de gramática, sino un término que utilizo desde hace algún tiempo para referir el grado de descomposición de una sociedad indolente).

Esa es la triste realidad de una cultura decadente que gira en torno del maldito dinero. Cuando no es la política, es la salud, el deporte, la educación o quien sabe qué más. En general, todo en este país gira en torno del dinero, el poder y la codicia.

Como se dice folclóricamente por ahí: Ahora si nos fregamos. Porque en realidad los colombianos, contrario a lo que se exprese en las plazas públicas, nos movemos en pos del árbol que más sombra ofrece. Y Ahora, en época de elecciones, es cuando más casos de corrupción se conocen.

No importa que el doctor Jorge (Solo para decir un nombre cualquiera, espero no ofender a nadie), sea un verdadero delincuente. Lo que importa, es lo que puedo conseguir caminando junto a él.

Con tanto bandido de cuello blanco como el doctor Jorge, deambulando de pueblo en pueblo, en busca de una gran tajada de la torta, es fácil apreciar el grado de decadencia de la sociedad en que vivimos.

Tal es el grado de degradación de esa sociedad, que hoy no solo se asesina por cifras millonarias, o grandes extensiones de tierra como lo hace la guerrilla, las bandas criminales y los narcotraficantes, sino que hasta por un par de zapatos o 2 mil pesos, un hombre le quita la vida a otro sin sentir consideración alguna.

Y este no es el único caso que se conoce en nuestro país respecto de la negligencia médica o la indolencia de los codiciosos, y seguramente tampoco será el último. Por ello, invoco a usted amigo lector, para que intentemos algo que termine de una vez por todas estas deshonestas prácticas, y para que con el corazón en la mano meditemos acerca del futuro incierto que espera a nuestros hijos.

Es el momento preciso para manifestarnos en contra de la corrupción que nos agobia, para que casos como el que se comenta en esta columna no vuelvan a ocurrir. Pero manifestarnos sin la presencia de los que lideran los movimientos políticos que conocemos hoy día, porque de nada vale pretender cambiar el orden viciado de las cosas, si volvemos a acercarnos a los que durante 200 años han maltratado la dignidad de los colombianos.

No es bueno seguir lamentando desgracias y cerrar los ojos a la realidad criminal que nos atropella. Es hora de hacer algo. Manifestemos la inconformidad y levantemos nuestras voces. Pero no más conservatismo, liberalismo, uribismo, polo, verdes, centro, derecha o izquierda, porque todos en su propia malicia, alguna vez se han acomodado en contra de los que hoy lloran.

No aceptemos más sinvergüenzas entre nosotros amigo lector, porque estoy seguro que la mayoría decente de este país puede hacer el cambio.

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