La suerte del río Magdalena

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Amilkar Acosta Medina

Amilkar Acosta Medina

Columna: Opinión

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La suerte del Río Grande de la Magdalena, que fue como lo bautizó hace 509 años el conquistador Rodrigo Bastidas, ha sido una de mis mayores preocupaciones desde hace rato. Desde la Colonia y posteriormente en los tiempos de la primera República, a falta de vías carreteables y férreas este fue el principal medio de transporte de carga y de pasajeros.

Los primeros equipos y las primeras maquinarias del incipiente proceso de industrialización del país entraron al país por esta vía, la misma que le servía al también incipiente comercio interno e internacional. Pero, a medida que se fueron construyendo las carreteras y se amplió la red férrea, gobierno tras gobierno le fueron dando la espalda al Río el cual fue abandonado a su propia suerte después que se sirvieron de él.

Cuando hablamos del río Magdalena no estamos hablando de naderías sino de algo trascendental como el que más. Su recorrido de 1.540 kilómetros se extiende desde el macizo colombiano en el que nace hasta su desembocadura en el mar Caribe, en donde se bifurca en dos brazos, el uno que conduce hasta Bocas de Ceniza y el otro hasta el Canal del Dique.

Por una ironía del destino y como consecuencia del cambio climático y sus devastadores efectos, debido a las riadas recurrentes que arrasan con todo lo que encuentran a su paso. Ahora mismo las familias asentadas en sus riberas están literalmente ¡con el agua al cuello!

Son 35 ríos afluentes al río Magdalena (los más caudalosos e importantes del país, que también están languideciendo); allí se genera el 85% del PIB y el 70% de la generación hidráulica del país, al tiempo que se concentra el 75% de la producción agropecuaria, constituyéndose en la verdadera despensa agrícola y pecuaria del país.

Dada su importancia y el grado de detrioro del mismo, los constituyentes de 1991 entendieron la imperiosa necesidad de su recuperación y con tal fin crearon la Corporación Autónoma del Magdalena, la única de origen constitucional.

A renglón seguido la Ley 161 de 1994 se encargó de desarrollar el precepto constitucional y mediante la Ley 141 de 1994 se le asignó el 10% de los recursos del FNR, los mismo que ahora están en riesgo con el proyecto de acto legislativo que pretende recentralizar el manejo de todas las regalías.

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