California 2010

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alvaro González Uribe

Alvaro González Uribe

Columna: El Taller de Aureliano

Web: http://eltallerdeaureliano.blogspot.com

A pesar de que en California el pasado martes el voto no favoreció la legalización relativa de la marihuana, no hay duda de que tarde o temprano las drogas hoy ilícitas serán permitidas -no incentivadas ni menos impuestas- en todo el mundo.

Allí llegaremos gradualmente luego de cientos de discusiones y, por supuesto, del ejercicio de miles de estrategias fallidas, que seguirán arrasando con vidas humanas y recursos económicos cuantiosos.

La legalización no acabará con los delincuentes, pero sí con el delito del narcotráfico como tal. El delincuente se moverá seguramente a otros campos, donde será más fácil descubrirlo, atraparlo y juzgarlo. Por desgracia, es su condición.

Analicemos por otro lado: ¿Es moral legalizar el asesinato o el robo? Claro que no, pues son conductas que violan la autonomía humana, y, más que en el hecho real de vulnerar dos valores universales, en aquello está su mal: alguien le impone a otro lo que no quiere.

Por eso el suicidio o la donación de bienes no son penalizados. Drogarse, mientras sea un acto voluntario y con plena conciencia, pertenece al ámbito de la autonomía. Precisamente, el ataque a la integridad personal y a los bienes ajenos es uno de los principales medios del narcotráfico para cumplir sus fines y mantenerse.

Se dirá que el consumo de drogas daña la salud, en veces ocasiona dolor a otros y esquilma los presupuestos personales, familiares y oficiales. Es cierto, pero el narcotráfico en su acción de saltarse las talanqueras legales que los estados atraviesan para impedir iguales males, incrementa y multiplica colateralmente los mismos daños.

¿No es mejor evitar ese indisoluble par de consecuencias y dejar sólo la primera, causada directamente por la droga sin intermediarios? Obvio que no es lo ideal, pero es aminorar un perjuicio y permitir además que se concentren los recursos en impedir que la droga sea una salida mental para muchos y en curar a quienes ya han optado por ello y quieren liberarse.

¿Qué es tarea complicada?, quizás, pero, ¿qué es fácil o difícil? Por ejemplo, siguiendo el mismo tema, al contrario de lo que muchos dicen no creo que el dinero del narcotráfico sea dinero fácil. Seguramente habrá muchas formas de conseguir dinero menos arriesgadas; sabemos que las hay, incluso lícitas así suene irónico.

No es dinero fácil para el delincuente, ni para la víctima, ni para el drogadicto, ni para quienes lo combaten, ni para la sociedad. Por tanto, eso de que es dinero fácil es una falacia que hasta se creen los criminales, error por el que pagan tarde que temprano un precio enorme.

Entonces, ¿no es mejor irnos por lo fácil y elemental? Hasta en esto hay falta de lógica en el mundo del narcotráfico; es una estupidez de todos, una estupidez humana por donde se le mire. Requerimos inteligencia para salir de tantos problemas que nos creamos nosotros mismos.

Gústenos o no, con el referendo de California los gringos marcaron de nuevo un hito en esta historia de la estupidez o de la inteligencia humana, y desde el martes anterior esta problemática será abordada de manera diferente en todo el mundo. Ya era hora, pues a pesar de los innegables golpes dados por países como Colombia, el daño se ha seguido y seguirá presentando.

¿Que ya han muerto muchos, víctimas de ese flagelo? Claro que sí, demasiados, uno es demasiado; pero entonces, ¿que sigan cayendo más? No creo que esa hubiera sido la voluntad de Galán y de cientos de políticos, policías y ciudadanos que han dado su vida directa o indirectamente por combatir el narcotráfico o que han caído por su causa.

Me opondré rotundamente a la legalización de la droga cuando alguien demuestre que luchando contra ella como delito se puede acabar. Así de sencillo, y de complicado también. No es derrotismo ni cobardía, es fruto de serios análisis de mucha gente. Eso sí: el que tenga la fórmula policiva para erradicar el narcotráfico que la enseñe rápido o queda como cómplice. No doy mucho plazo, pues hablamos de vidas, de atraso y de corrupción.

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