Campaña

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alvaro González Uribe

Alvaro González Uribe

Columna: El Taller de Aureliano

Web: http://eltallerdeaureliano.blogspot.com

Y la campaña comenzó. Arrancó despacio pero poco a poco ha ido tomando velocidad e inundando espacios. Era previsible y es bueno: la democracia respirando. Sin embargo, se empiezan a ver dos aspectos preocupantes, no nuevos pero hoy más intensos.

En primer lugar, la aridez de ideas. Culminada la mecánica de convenciones, firmas, coaliciones, conformación de listas e inscripciones, las campañas se quedaron en orfandad ideológica y programática salvo contadas excepciones. Se lanzan ideas sueltas y gaseosas, pero muy pocas propuestas claras, concretas y realizables.

Igualmente, esta ola de corrupción que nos ahoga está llevando a que las propuestas consistan en propagar la honestidad, la hoja de vida limpia, la renovación y valores similares, pero no se nos puede olvidar que se trata de condiciones apenas normales por raras que sean hoy en Colombia; es lo mínimo exigible.

Es desesperanzador que el programa de muchos candidatos sea solo la honestidad, lo cual muestra el nivel moral en el que estamos. No robaré y ya. Triste. Obvio que no queremos que los congresistas roben, pero los colombianos debemos ser más ambiciosos y exigir propuestas claras y posibles que además estén dentro del ámbito legal de competencias según la corporación o cargo pretendidos. Pero no, casi todas las campañas se están quedando en invitar a votar por quien más se parezca a la abuelita de los votantes.

(Confieso: Mi abuelita hubiera sido una pésima congresista a pesar de su honestidad y a lo querida que fue; quizá solo se hubiera aproximado a la política actual por la rica mermelada que hacía, pero era otra mermelada…).

De allí vienen esas campañas de solo imagen, de logos, de trapos, de evocaciones, de caritas felices. De allí esa publicidad vacía que solo tiende a inspirar sentimientos y no convencimientos.

Y además están las funciones circenses que poco a poco debutan en la arena. Los que hacen "bungee jumping" desde un puente, los que imitan al otro por burlarse o por engañar, los que se desvisten o visten de cualquier cosa que los distinga. Y vendrán decenas de números por el estilo, llamadores de la atención, publicidades de "yo existo", avisos luminosos que nos harán sentir en el abigarramiento frenético de Las Vegas.

Pero hay otra segunda preocupación que asoma aún peor que la aridez y que el espectáculo: la virulencia, el odio, los ataques rastreros, la polarización ciega y fanática. Por ahora son palabras pero desconocemos hasta dónde se llegue cuando el tiempo se acorte, cuando las encuestas empiecen a dejar asomar claridades, cuando haya que jugar los restos.

Y en este país de combinación de formas de lucha donde la violencia y las jugadas sucias son la costumbre, en este país de malos perdedores cualquier cosa puede pasar en una campaña con una de las polarizaciones más marcadas de los últimos años. La campaña se empieza a desarrollar sobre un peligroso reguero de gasolina donde la palabra es la cerilla.

La carencia de ideas se suple con espectáculo y con ataques. Tanto la campaña vacía como la feroz son consecuencia de los motivos que mueven a muchos a lanzarse al Congreso: los beneficios personales del poder o la vanidad de tenerlo, el dinero o los odios arrastrados. Por fortuna hay excepciones que el ciudadano está en la obligación de encontrar y favorecer.

Los votantes debemos estar atentos: no dejarnos provocar, observar con cuidado los hechos que se vayan presentando, no tragar entero, no creer en chismes ni en rumores ni tampoco en espejitos, y, claro, debemos ser muy cuidadosos en escoger por quién votar estudiando las propuestas, su factibilidad legal, sus posibilidades de realización, la hoja de vida de los candidatos y también, ojo, conocer sus patrocinadores, socios y amigos. Por fortuna, además de varias organizaciones serias, hoy existe internet como manera de escudriñar vida, milagros y prontuarios.