I will have a drink

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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com

Hoy se conmemora en los Estados Unidos el natalicio de Martin Luther King Jr., quien en realidad nació el 15 de enero. Como todos sabemos dedicó parte de su vida a erradicar la segregación racial por medios pacíficos. En 1964 le fue otorgado el premio Nobel de la Paz como un reconocimiento a su gran labor.

Hubo muchos que le antecedieron en la lucha contra la discriminación racial, pero fue él, así como también Rosa Parks, los que lograron convertirse en símbolos de un sueño (I Have a Dream); símbolos que eran necesarios para que el sueño fuera tangible y lograra los cambios requeridos en la sociedad estadounidense.

Desde los días del Movimiento de los Derechos Civiles se ha avanzado mucho en la igualdad racial, por lo menos en apariencia, sin embargo, la diversidad y complejidad social actual han abierto frentes impensados en las épocas de King Jr. El camino que falta caminar es muy largo. Estamos frente a un fenómeno mundial aunque con matices particulares según la geografía y la historia.

La discriminación para pasar inadvertida en aquellas sociedades que la rechazan ha adoptado formas más sutiles, dando origen a otras formas de segregación. Por ejemplo, hoy en los Estados Unidos los inmigrantes ilegales, que suman unos once millones, son discriminados, y entre las discriminaciones sutiles tenemos la brecha digital, que es más un abismo.

En Colombia pregonamos no ser racista, sin importar que nuestro uso del lenguaje nos desmienta, cuando de ofender a alguien se trata. Segregamos por raza, por clase social, por género, por edad, por región, por preferencia sexual, por belleza, estado de salud, estado civil, sin contar las que se me escapan.

Peor aún, en Colombia la segregación está institucionalizada. Aterra que saquen anuncios de empleo en donde el requerimiento implique cierta edad y cierto género. Ser competente para el trabajo pareciera ser un requisito secundario.

Otro ejemplo, aun más odioso que el primero, son los famosos estratos, que para colmo, tenemos seis. Una idea que en teoría parece buena, ya que en términos de servicios públicos permite que los que tienen más paguen más y los que tienen menos paguen menos logrando así una mejor equidad socioeconómica, terminó trasladándose a otras áreas y acentuó la discriminación de clases. Ya no tenemos ciudadanos de primera y de segunda sino que la escala ya va hasta seis. Hay ciudadanos de sexta.

El referente obligado en las relaciones sociales, es el lugar donde vives. La gente te formula la capciosa pregunta de dónde vives para paso seguido estratificarte y sacar conclusiones sobre tu valía como persona, como profesional y tus bienes de fortuna. Interés cuanto valés, y hay de aquel que no sea de estrato diez.

Nos hacen falta leyes que penalicen la discriminación en aquellas facetas que son más lesivas para la convivencia social y que no pueden ser justificadas. Una sociedad segregada y dividida no puede vivir en paz. Mientras haya alguien que se sienta mejor o superior, y trate mal a aquellos que no son sus iguales, habrá terreno fértil para la violencia.

El sueño de King se circunscribió a unas circunstancias históricas específicas, pero no se puede desconocer que la esencia de su sueño era y aun es la fraternidad y hermandad entre todos los seres humanos sin distingos de ningún tipo. La hermandad como base de la igualdad.

Que no existan los del Sur y los del Norte, ni los monos ni los negros, ni las feas y las bonitas, ni los cachacos y los costeños sino que seamos sociedades ciegas a las diferencias para poder convivir en paz.

Y mientras el sueño de King llega, y ya que se va a demorar un poco, quizás un par de siglos siendo optimistas, yo me tomaré un trago para conmemorar a quien trato de caminar de la mejor manera en los zapatos de Jesús Cristo. Martin Luther King Jr. dijo: I have a dream; yodigo, I will have a drink. !Salud!

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