Se nos escurren los niños

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Escrito por:

Alvaro González Uribe

Alvaro González Uribe

Columna: El Taller de Aureliano

Web: http://eltallerdeaureliano.blogspot.com

Y este país descuadernado -no lo recuerdo diferente- y bueno, uno dice que ya nos tocó vivirlo así a quienes pasamos de cierta edad, pero es que los niños…, para los niños Colombia es una pesadilla, nunca se había visto una niñez más atropellada en todos los sentidos.

Cifras por todas partes de diversos organismos, y también noticias, dan cuenta de que los niños están viviendo en un país de terror, en un país donde ellos son unos objetos con los cuales se puede hacer cualquier cosa, objeticos, seres humanos pequeños y entonces así son sus derechos: también pequeños; seres humanos que son solo futuro y entonces así son sus derechos: meras expectativas; seres humanos débiles y entonces no pueden defenderse ni vengarse -al menos por ahora…-; seres humanos en proyecto, en construcción apenas y entonces el daño así no es tanto…

Escuchaba y escuchaba noticias en la pasada Navidad y me fui dando cuenta de que se estaba dando una Navidad de espanto para la niñez de Colombia; sí, los niños eran los protagonistas de la Navidad como debe ser siempre, pero no, era una Navidad con niños protagonistas en calidad de víctimas: quemados con pólvora, asesinados por balas perdidas o marcadas como los lápices de colores, heridos o muertos en accidentes causados por borrachos, golpeados por familiares en sus casas, abusados sexualmente, invitados a paseos de la muerte, desaparecidos, raptados con meses de nacidos y, el de horror total que resume todo: hasta tragados por una alcantarilla como sucedió en Bogotá con la pequeña de cuatro años, que tampoco fue la primera vez porque más se han caído.

Y así es siempre, pero en la pasada Navidad, no sé…, se notó más o se incrementó esa violencia, ese ultraje, esa ignominia, esa cobardía, ese imperdonable descuido, esa vergüenza (¿sí habrá?).

Pero es que además, fuera del daño y del dolor inmediato y quizá del recuerdo y de las cicatrices físicas y del alma, ¿qué pasará con esos niños cuando sean mayores?, ¿cómo influirán esos abusos cuando sean ya unos ciudadanos con nada, algo, poco o mucho poder?

Sí, la paz, el proceso de La Habana, yo lo apoyo; en especial lo que más me mueve a apoyarlo es que quiero que no vayan más niños a la guerra, que no sean víctimas, que no salten por lo aires destrozados por las minas, que no tengan que ser arrancados de sus lugares de residencia muchas veces separados de parte de sus familias, que sus cabecitas no sean balones de futbol, que tengan un mejor país, sí, por eso más que todo apoyo el proceso, pero al tiempo pienso en los otros niños no golpeados directamente por ese conflicto que a buena ahora queremos terminar en La Habana, en esos niños que no son actores o víctimas de ese conflicto sino de una sociedad que los ningunea, que los irrespeta, que los atropella, que los descuida, que los usa, que los abusa, que no los educa ni los nutre ni los cura ni los hace reír ni los deja soñar ni jugar ni cantar ni brincar; de una sociedad que los apabulla como si esa sociedad adulta fuera la última que tiene derecho a estar en este país.

Me dirán que hay muchos trabajando por los niños de Colombia, sí, lo sé, hay cantidad de personas y organismos oficiales y privados, nacionales e internacionales que hacen labores maravillosas, pero está claro, muy claro, que no es suficiente; las cifras y las noticias lo dicen, no yo, ¿entonces qué hacemos?, ¿cómo tendremos Colombia?, (¿tenemos Colombia?).

Nuestros niños colombianos se nos están yendo por las alcantarillas que los adultos dejamos destapadas física y también figuradamente.

Se nos están yendo por las alcantarillas, o quizá pasan de una alcantarilla a otra, de la de arriba ala de abajo, porque una sociedad que trata de esa manera a sus niños no es otra cosa que una alcantarilla. Por entre las instituciones y las leyes y la sociedad se nos escurren los niños de Colombia quizá para encontrar un mejor lugar. Colombia es una trampa de niños.

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