Gilberto Alzate Avendaño, ¡el mariscal!

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Escrito por:

Francisco Galvis Ramos

Francisco Galvis Ramos

Columna: Contrapunto

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Gilberto Alzate Avendaño, quien fuera cifra cenital de la República a mediados del siglo XX, cumplió el pasado mes de octubre cien años de natalicio y este mes de noviembre registramos los cincuenta años de su muerte.

Todos los textos que sobre Alzate se han publicado, y tengo como nueve bien leídos, registran como fecha de su nacimiento el 10 de octubre de 1910 o, como dijera él mismo en la célebre indagatoria del 8 de octubre de 1943, "nací en Manizales, el 10 de octubre de 1910, por las inmediaciones del Parque de Caldas".

Murió Alzate Avendaño al amanecer del 26 de noviembre de 1960 en la Clínica Marly de la ciudad de Bogotá, no sin antes haber pronunciado durante varias jornadas vehemente discurso en el atestado hemiciclo de la Cámara de Representantes.

Queda claro, entonces, que este año 2010 los alzatistas de tuerca y tornillo estamos de doble remembranza: en octubre, los cien años del natalicio y, en noviembre, el cincuentenario del deceso del "… mariscal rampante, Gilberto compañero", según aquel bello verso del poeta Eduardo Cote Lamus, aún más serafín si le anteponemos el "Adiós".

Alzate nació para el ejercicio desmesurado del poder, como hoy se nace para ser burócrata oscuro o brillante corrupto, dejando huella de sus dotes de líder por cuanto establecimiento pasó, sea el Colegio de Cristo, el Instituto Universitario o la Universidad de Antioquia.

Ya en la arena política se batió como auténtico gladiador, de esos de rompe y rasga, lo mismo con las palabras que con los puños, llegando a erigirse como el jefe indiscutido de las derechas colombianas y posteriormente, hasta la muerte, como caudillo del conservatismo asociado a Mariano Ospina Pérez.

Escritor eminente, daba a luz verdaderas joyas literarias que andan por ahí dispersas y piezas políticas vueltas editoriales de esmerada factura, en su mayoría archivadas en la Hemeroteca del Banco de la República en los ya añosos ejemplares de Diario de Colombia, cuyas copias poseo.

Alzate, ¡El Mariscal!, fue diputado, representante, senador, embajador, conspicuo doctor en derecho egresado de la Universidad de Antioquia, litigante, constitucionalista y autoridad en cuestiones mercantiles.

Se solía decir de Alzate que era "un hombre bueno como el pan", de esos que al tiempo que abría una herida, corría a cicatrizarla.

No dejó muchos bienes de fortuna, apenas un patrimonio de pan llevar, pero sí ejemplo de varón de virtudes, de tribuno, de orador enorme, de pensador profundo, de escritor de academia y esas repentinas ironías que ya son espléndidas anécdotas.

Ni la presidencia de la República, ni la gobernación de Antioquia, ni la gobernación de Caldas, ni la Alcaldía de Manizales, ni el Directorio Nacional Conservador, han dispuesto, que se sepa, de ningún acto recordatorio de la doble efemérides alzatista, pero quienes llevamos a Alzate en el corazón y la memoria de todos los días, le rendimos el renovado tributo de nuestra admiración y lealtad inextinguibles.

Gilberto Alzate Avendaño murió cuando apenas tenía cincuenta años de edad y a las puertas de la presidencia de la República.

Tiro al aire: para que vea cierto empleado de la procuraduría de apellido Panesso, conocido ex contratista de Cormagdalena, tipo corbata londinense marca Hermes, que por Antioquia han pasado manizaleños más valiosos que él, que apenas si es un antioqueño anónimo.

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