La República del fútbol

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Escrito por:

Ignacio Pareja Amador

Ignacio Pareja Amador

Columna: Reflector Mundial

e-mail: [email protected]

Twitter: @Nacho_Amador 

Sin lugar a dudas Brasil será el país de 2014. Los ojos del mundo se asoman con curiosidad al que será el anfitrión de la XX edición de la Copa Mundial de Fútbol. Dicho país logró consolidar su candidatura en 2007 cuando Colombia, su único rival regional para ser sede de tan importante evento, desistió de dicha empresa, dejando al gigante sudamericano la organización de la también llamada "Copa del Mundo".

Más allá del acontecimiento deportivo, donde 32 equipos entretendrán al globo con la magia de uno de los deportes más populares en el planeta, vale la pena que comencemos a acercarnos a lo que significa Brasil como una potencia emergente, como un importante mercado, como el país más grande en extensión y más poblado en América Latina.

Con 8.5 millones de kilómetros cuadrados (Mkm2) Brasil es el Quinto país más grande del mundo, sólo por debajo de Rusia (17 Mkm2), Canadá (9.9), Estados Unidos (9.8) y China (9.6). Tiene una posición estratégica frente a las costas del Océano Atlántico, con una línea costera de 76,491 km.

Comparte fronteras con 10 países: Argentina, Bolivia, Colombia, Guyana Francesa, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela, de manera que es vecino prácticamente de todos los países de Sudamérica, con excepción de Chile y Ecuador.

Es un país colosal que alberga una población de 201 millones de habitantes, que en su mayoría son católicos (73.6%) y Protestantes (15.4%). Es una nación con edad promedio de 30 años, que crece a una tasa de población estable (0.8%) y que reúne a 9 de cada 10 brasileños en zonas urbanas, las cuales se ubican mayoritariamente en las costas.

Este fenómeno lo podemos observar en sus principales centros urbanos Sao Pablo y Río de Janeiro, que en 2011 concentraron ambos a poco más de 31 millones de personas.

Brasil tiene la economía más grande de la región y la séptima de mayor tamaño en el mundo con 2.3 trillones de dólares de PIB (2012). Es un importante exportador de equipo de transporte, minerales, calzado, café y automóviles, los cuales envía mayoritariamente a China (17%), EE.UU. (11.1%), Argentina (7.4%) y Holanda (6.2%).

En términos generales podríamos decir que el país de la Samba cuenta con una economía pujante, que crece de forma contante (entre 2010 y 2012 creció en promedio 3.7% anual), y que cuenta con un sector exportador diversificado, lo que le permite ser menos leal y más pragmático para llevar sus relaciones internacionales de manera más acorde a su interés nacional.

Pero no todo es color de rosa en la República del Fútbol. El país más grande de Sudamérica tiene una de las mayores desigualdades del mundo. Cuenta un PIB per capita medio-bajo de $12,100 dólares, 2 de cada 10 brasileños se encuentran por debajo de la línea de la pobreza. De acuerdo con el Índice de Percepción de la Corrupción 2013, Brasil está en el lugar número 72 en el ranking, sitio que comparte con países como Sudáfrica y Serbia.

Cuenta con un leviatán por Estado, que absorbe el 36.5% de su PIB, lo cual amplía su responsabilidad en el manejo de los recursos públicos y lo compromete a generar valor público y bienestar social entre su población.

Si lo comparamos con los indicadores de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde), Brasil comparte los últimos lugares con México, Chile y Turquía en materia de Ingreso (Income), Educación (Eduicaction), Condiciones Laborales (Jobs), Compromiso Cívico (Civicengagement), Salud (Health) y Seguridad (Safety).

Es sin lugar a dudas un país que debe aprender a equilibrar sus finanzas públicas, con las justificadas demandas sociales que se amplían cuando pensamos en la magnitud de intereses que deben alinearse a una estrategia muy particular de Estado, en este caso dirigida a atraer inversiones, empresas y turistas, todo en torno del deporte más popular del planeta, que es para muchos brasileños, un sueño profesional, que no pocos alcanzan en su suelo y más allá de sus fronteras.

Doña Dilma Rousseff, la sucesora del exitoso Lula da Silva, tiene una responsabilidad sin precedentes para llevar a cabo un evento deportivo que manda una señal de liderazgo, poder y estabilidad al resto del mundo. Tiene a los principales reflectores mundiales en su suelo, vigilándola incansablemente para generar la nota del año, la noticia de la semana y el acontecimiento del día.

Es muy delgada la línea que sostiene a la líder de los brasileños como una política exitosa, con buen manejo y con amplia visión como estadista. Serán tan amplias las ganancias del evento deportivo en la República del Fútbol como el riesgo de manejar un compromiso de esas dimensiones.

Esperamos que el "Mundial" sea un éxito, por el bien del líder de América Latina y para demostrar que los países emergentes son capaces de asumir responsabilidades de amplia magnitud para recibir con bien al resto del mundo.

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