Legalización regulada de la marihuana

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Escrito por:

Alfonso Lopez Carrascal

Alfonso Lopez Carrascal

Columna: Pedagogía Constitucional

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La marihuana (cannabis sativa) es una planta dioica, del género de las urticáceas, originaria del Asia Central con diversas variedades, Herodoto y Plinio ya hablaban de ella en la antigüedad. Hoy mezclada con alcohol sirve de medicamento geriátrico para las piernas.

En las alturas sirve tomada en infusión y en algunos países es base para la confitería.

El problema es el prohibicionismo, que no es de carácter nacional en ningún país sino que su marco es de carácter internacional como la Conferencia de Shanghái, de 1909, hasta la Convención de Viena de 1988, pasando por la Convención Única de Estupefacientes de 1961, y modificado por el Protocolo de Ginebra de 1972, al establecer un régimen jurídico que alienta el prohibicionismo como los de la legalización alternativa, reconocen que la política en esa lucha ha fracasado y el prohibicionismo fomenta la violencia, la delincuencia y la corrupción de autoridades.

Se le mira como un delito transnacional sometido a la ley económica de la oferta y la demanda. La represión legal en el cultivo y producción aumenta los precios de consumo en los países que la demandan.

Por ejemplo, la hoja de coca ha sido utilizada desde tiempos inmemorables por los indígenas del área andina (Bolivia, Ecuador, Perú y Colombia), pero cuando los países desarrollados envían los precursores, las cocinas improvisadas transforman la hoja de la coca en cocaína para su consumo de los países de demanda y fabricantes de los precursores químicos.

Señala el profesor Rodrigo Uprimy Yépes que los costos del prohibicionismo son muchos: violencia, corrupción, sobre carga del aparato judicial, inestabilidad institucional, deterioro de las relaciones internacionales y otras facetas negativas.

La "guerra contra la droga ha permitido esconder otros programas de guerra como sucede con Colombia donde los grupos al margen de la ley ven en el cultivo, producción y celaduría de la droga el soporte económico de lucha.

Esa alianza produce inestabilidad institucional y parte del presupuesto va dirigida a esa lucha armada. Colombia y México han sido ejemplo de esa lucha: la sustitución de cultivos tampoco ha dado resultado positivo alguno.

La droga, es cierto, ha creado una nueva burguesía auspiciado por el sistema ilegal, pidiendo a cada momento un reconocimiento social, económico y político. Esos grupos alentados por las ganancias exorbitantes de ese negocio ilícito son los que han hecho una contrarreforma agraria con el monopolio de las mejores tierras ante la falta de políticas oficiales de reforma agraria. Y lo más grave es el permanente reclutamiento de jóvenes profesionales, ex militares y personas de la más variada condición, inclusive fomentando el sicariato. Estamos por la droga en un para-estado.

Eso es la causa del prohibicionismo, que por razón de la represión legal hace apetitoso el negocio. Algunos criminólogos como Rosa del Olmo abogan por una política de legalización regulada que se debe imponer en tratados internacionales. Ella considera que el culpable no es el cultivador, tampoco el traficante, o el consumidor.

El culpable es la política internacional fundada en el prohibicionismo. Y lo grave es acudir al Derecho Penal como instrumento de represión.

El Asia colonial en el siglo XIX pasó a la guerra contra el opio (Amapola produce derivados de opio, morfina y heroína) y en los tiempos actuales es la América Latina con los derivados de la cannabis (marihuana y haschis). ¿Por qué a nivel internacional no se va hablando de una legalización regulada?

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