Recuerdos de los años maravillosos

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Jorge García Fontalvo

Jorge García Fontalvo

Columna: Opinión

e-mail: jgarciaf007@hotmail.com

Hasta hace un tiempo, quizá mucho, esperaba con emoción el último mes del año. La verdad, los recuerdos de la infancia me hacían añorar con ardor los años maravillosos.

En esos recuerdos, los juegos, los cantos, las ceremonias y todo lo que se acostumbraba realizar en torno de la familia o la comunidad, abrigaba la noble inquietud de los corazones. Inquietud exagerada unas veces pero inocente al fin y al cabo, que se combinaba mágicamente para albergar pensamientos positivos y nobles.

En esos recuerdos también, como por arte de magia, aparecían los amigos del pasado. Los amigos con quienes jugué, baile, o sonreí. Incluso, aquellos con los que alguna vez discutí y nunca más volví a encontrar en la vida.

Que injusta resulta siendo la vida, pues aquellos amigos nunca merecieron el trato injusto que una vez les di. De hecho, ni ellos ni yo merecimos el trato injusto que alguna vez nos dimos.

¿Pero qué se puede hacer hoy para reparar lo que debió haber sido reparado antes? No sé. Tal vez, la única solución posible sea desear lo mejor, a todos aquellos que de una forma u otra se cruzaron en nuestro camino un día cualquiera.

Sinceramente todo tiempo pasado fue mejor. Sin embargo, hoy es el presente y los años maravillosos se fueron. Ya no hay para mí o mis hijos trompos, boliches o cometas, sino Ipad, tablets, e internet.

Realmente la vida cambió. No sé si para bien o para mal. Solo sé que esos cambios dieron origen a una carga emocional de infinitas proporciones. Una carga tan grande que quizá no podamos sobrellevar.

Los años maravillosos se perdieron en el pasado. Y para el futuro, no se vislumbra nada mejor que lo que demuestra el presente deshumanizado que conocemos.

El dinero es hoy el centro del universo. Y en torno de él se rinde el culto más profano que alguna vez se haya preparado.

La nobleza de los corazones se mide en la actualidad por el número de paquetes que llevamos a la casa, y por el precio de éstos. No es suficiente una pelota de caucho, un carro o el caballito de madera para el niño de hoy. ¿Tenemos que complacer caprichos antes que educar y formar?

No importa si se tiene o no se tiene para comer. Lo importante es mostrar más de lo que realmente tenemos. Porque de esa forma, seremos valorados en la sociedad decadente en la que vivimos.

Aunque siento nostalgia por los recuerdos y las vivencias de los años maravillosos, también siento tristeza por la pérdida de integridad y humanidad que manifestamos hoy. Definitivamente dejamos atrás el sentido humanístico que caracteriza la especie. No importa lo que sienten los demás, porque simplemente lo que siento por mí mismo, es lo único que importa.

Infortunadamente creamos una tierra egoísta en la que el dinero y la satisfacción personal es lo único que importa. No obstante, la historia se encargará de brindar el reporte del aporte hecho por mí y mi generación a la propia historia.

Que Dios perdone el cinismo de mi corazón porque en mi pensamiento ya no están los amigos del pasado, sino mi propio pensamiento. Y como es de esperar, lo sublime ya no tiene cabida en el mundo egocentrista que me define. Como se puede apreciar, los amigos del pasado se perdieron tristemente maltratados por causa de la ambición desmedida que domina la especie. Sinceramente espero que los recuerdos de los años maravillosos regresen un día para todos.

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