Epidemia de Affluenza

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com

El juez lo dejó en libertad condicional y lo envió a un centro de rehabilitación en California. La reacción del público estadounidense y de los familiares de las víctimas fue de rabia y dolor por la pena impuesta.

El procesado es un joven de dieciséis años, miembro de una familia rica en Texas. Parte de la argumentación valorada por el juez fue el testimonio de un psicólogo experto, quien aseguró que el muchacho padecía de Affluenza, y que por lo tanto no era culpable de lo acontecido.

La Affluenza, término acuñado en los 80’s del siglo pasado, consiste en que los hijos de algunos millonarios no tienen la capacidad de distinguir entre el bien y el mal, debido a la educación -falta de ella sería más apropiado- recibida en el hogar.

Este angelito se robó unas cervezas en una tienda, y conduciendo en estado de embriaguez asesinó a cuatro personas y dejó heridas a otras. Suena parecido a algunos casos que han mojado primera plana en el país. La diferencia es que estos son adultos.

Viendo lo que sucede en nuestro país, toca concluir que tenemos una epidemia de Aflluenza, la cual es de vieja data. Cuando no existía la corrección política decíamos que estas personas eran amorales.

La crónica social, que se ha convertido en judicial, está llena de ejemplos. Recordar es vivir, quien no recuerda a los Pica…ros, los Michelsen, cuando el águila se voló con la plata de todos, monseñor Mahecha, y recientemente, Interbolsa, los hermanitos Moreno y los primitos Nule, entre muchos otros casos de delitos económicos.

Suenan en los medios, el caso Colmenares, y otros en que compañeros y dizque amigos terminan arrojando y asesinando a un compañero arrojándolo por el balcón o por el hueco del ascensor.

Por el lado de la política, a uno lo hicieron presidente de Colombia con la plata de la mafia, a otro lo hicieron presidente unas fuerzas siniestras que incluyen a la mafia también, y ni que decir de los preocupados patriotas que hicieron alianzas para refundar la patria en beneficio propio.

Ninguno de los mencionados era menor de edad al momento de la comisión del delito, pero tienen en común con el muchachito de Texas, que nunca han reconocido nada ni se arrepienten de nada. No piensan que hicieron nada malo. Lo único malo, fue que los descubrieron. Ninguno ha tenido los pantalones para disculparse con el país, y aceptar que se equivocaron.

Es que este país se lo han tirado los amorales y desajustados hijos de papi y mami. Fueron ellos los que fundaron la guerrilla, los paras, trajeron el narcotráfico, y los que acostumbran llegar a posiciones de poder para enriquecerse con el erario público.

Todo esto con la complicidad de la justicia, que se ha limitado a darles palmaditas en las manos: 6 o 7 años de cárcel, la mayoría en detención domiciliaria, o a veces libres como el viento. Se quedan con lo que se robaron y así sucesivamente.

En derecho penal uno de los principios rectores es la proporcionalidad entre la pena y el delito, y esto no solo es cierto para no excederse sino también para que la pena aplicada sea congruente con la gravedad del delito, o de pronto ya en Colombia estamos en un estado de postración moral tal, que ya no es grave asesinar a otro o defraudar al erario público o a los ahorradores, y por esto las penas tan leves.

Vivimos en una sociedad en la que la justicia sigue siendo para los de ruana, mientras que los amorales criminales de cuna de oro, son apapachados por una justicia igual de amoral y affluenziada. ¿Hasta cuándo?

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