Matrimonio Santos y Uribe, en aprietos

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Escrito por:

Jacobo Solano Cerchiaro

Jacobo Solano Cerchiaro

Columna: Opinión

e-mail: jacobosolanoc@hotmail.com

Twitter: @JacoboSolanoC

Todos los matrimonios tienen sus buenos y malos momentos, de la luna de miel de la operación Jaque, Fénix y todo los golpes que se dieron en el anterior gobierno, Santos y Uribe, pasaron al triste desgaste de una relación por conveniencias, en la cual, cada uno quiere imponer sus intereses, sin tener en cuenta a sus hijos, en este caso los electores, que no saben qué rumbo tomar, si con el uno o con el otro.

Las diferencias entre ambos, crecen, como espuma de cerveza, y la copa está a punto de desbordarse. Desde la misma conformación del gabinete son muchos los sapos que le ha tocado tragarse a Uribe: la designación de Germán Vargas Lleras como ministro del Interior; el nombramiento en agricultura de Juan Camilo Restrepo, quien se ha dedicado a escarbar las triquiñuelas de su antecesor; el "supuesto" arreglo con Hugo Chávez, que no ha reactivado comercio, ni tampoco ha mostrado avances en la lucha contra el terrorismo instalado del otro lado de la frontera; y otros asuntos que forzaron al ex-presidente a regresar a Colombia para ser parte activa de la política nacional y tomar las riendas del partido de la U, con el que pretende diseñar una estrategia de victoria con candidatos uribistas, de mira a las elecciones regionales, controlando gobernadores y alcaldes, y de esa manera, hacerle contrapeso al modo de gobernar de Santos, con todos; y que, dicho sea de paso, ha sacado a relucir su pasado liberal, asumiendo un pacto con sus antepasados, se ha dedicado a revivir a los miembros de la colectividad roja y los tiene como eje central de la agenda legislativa; hasta se dice que Rafael Pardo tiene oficina alterna en Palacio, lo que jamás se hubiese pensado meses antes, cuando en los debates se decían de todo, pero en fin, así es la política, y por eso, es una ciencia hermosa para comentar.

La estrategia de Juan Manuel Santos, como buen jugador es ampliar su coalición con Cambio Radical y los liberales, para lograr más apoyo y mayor control en el Congreso; dejando de lado, que los congresistas de la U, se sienten relegados y al interior de la bancada, prima la inconformidad por el trato de tercera que les ha dado su Presidente, de ahí la operación tortuga para aprobar proyectos esenciales como la ley de víctimas, reforma política, regalías y otros temas clave, que en teoría, debían ser bandera del partido que lo avaló, pero que en la práctica lo están tramitando los enemigos de Uribe.

La U demuestra lealtad al ex presidente, que aunque no esté en el poder, tiene mucha convocatoria en la opinión y definitivamente sigue mandando en ese partido. Pero la cereza explosiva que le faltaba a la limonada en esta disputa de hipocresías que genera el poder, fue el cambio de terna para elegir fiscal, como tanto anhelaban la Corte, Vargas Lleras y Rafael Pardo. Ese matrimonio que estaba pegado con mocos con este nuevo episodio al parecer caducará y como afirmó Armando Benedetti, las tempestades de la unidad nacional comenzarán a llegar porque si algo quería el ex presidente era tener fiscal de su lado.

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