Un profeta llamado Nelson Mandela

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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com

La humanidad ha producido un buen número de grandes hombres, pero solo los elegidos de entre ellos han sido capaces de romper las cadenas de la historia y cambiar el derrotero de sus sociedades o incluso de la humanidad entera.

La capacidad transformadora de estas personas es tan grande, que nunca puede escribirse demasiado sobre ellos, y por esto yo también quiero rendirle un pequeñísimo y humilde homenaje a una persona que debe servirnos de ejemplo y luz en lo personal y en el momento histórico que está viviendo Colombia.

En esta categoría de los elegidos están Mandela, Gandhi, y por supuesto el más grande todos los elegidos, Jesús Cristo.

La historia y sus múltiples imperios han sido construidos por medio de la violencia y la fuerza, y los establecimientos resultantes con sus ideologías han divido a los seres humanos, han creado fronteras y erigido barreras entre unos y otros.

Los elegidos a los que hice mención, vivieron bajo las condiciones de opresión dictadas por el establecimiento dominante, y los tres armados solo del amor y del perdón, ganaron guerras imposibles de ganar.

Mandela, después de haber estado injustamente encarcelado por 27 años, tenía derecho a sus odios y deseos de venganza, pero entendió que esa no era la única opción, y que tenía la opción de renunciar al odio y ofrecer el perdón a cambio. Su renuncia personal y su expresión de amor a todos por medio del perdón, logró tender puentes en una sociedad profundamente dividida y logró alterar el curso de la historia de Sudáfrica.

Gandhi logró doblegar al imperio más poderoso de la época, sin disparar una sola bala. Fue un hombre de paz. Curiosamente, los elegidos siempre parecen pertenecer al grupo catalogado como perdedores: cuando no la cruz, la cárcel o alguna otra penuria.

Los sistemas siempre verán en el amor y en quienes lo encarna una amenaza porque el amor borra las barreras, destruye las divisiones entre los hombres, tiende puentes de perdón, y une en vez de dividir.

¿Qué tenían en común Mandela y Gandhi? Eran ante todo líderes espirituales y por tanto padres de sus pueblos. Se equivocan aquellos que piensan que la espiritualidad es algo etéreo e intangible. Por el contrario, el liderazgo espiritual se manifiesta de diversas maneras e influye en todas las áreas de la vida de la sociedad. Afecta lo político, lo económico y lo legal y otras esferas de la vida social. Baste recordar que la civilización occidental no hubiera sido posible sin el cristianismo.

El liderazgo espiritual de Mandela, su vivencia del amor, lo llevó a lograr que se acabaran formalmente las divisiones raciales en su país, y lo llevó a ser el primer presidente negro de su país. Aun más, Sudáfrica, ya como nación reconciliada, ha sido capaz de lograr un milagro económico. Mandela y su vivencia del amor y del perdón, su acto de renuncia de sí mismo, le ganó muy merecidamente el premio Nobel de la Paz y el reconocimiento y admiración mundial.

La memoria de los elegidos solo se honra cuando se sigue su ejemplo y cuando se mantiene vivo su legado. La vida y obra de Nelson Mandela nos recuerda a los colombianos que solo el perdón y la reconciliación lograrán que alcancemos la paz y la armonía que tanto queremos. Tenemos que renunciar a nuestros odios, algunas veces humanamente justificados, para dar paso a un acto magnánimo y transformador.

Solo la fuerza del amor, esa fuerza universal y unificadora, es capaz de transformarnos a nosotros y consecuentemente a las sociedades donde vivimos. Los elegidos mueren, pero su espíritu de amor es eterno y universal.

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