Bomba social con forma de moto

Columnas de Opinión
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Escrito por:

César Serpa Vega

César Serpa Vega

Columna: Opinión

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Era de esperarse. Ya se veía venir la explosión de ésta bomba social con forma de moto, representada en una actividad informal patentada y generalizada (casi institucionalizada de facto), y conocida por todos con el nombre de "Mototaxismo". Dicha actividad informal acumula, reúne y refleja todos los males que se derivan de la informalidad, la indolencia y la desidia estatal. Una actividad ilegal que venía alimentándose con la dinamita del desempleo, el inconformismo, el resentimiento acumulado, la falta de oportunidades, pero también por la falta de medios de transportes dignos, integrales, con calidad y cobertura suficiente; sumado esto a la falta de autoridad y acompañamiento estatal en un problema que hace rato se salió de nuestras manos.

El Mototaxismo es culpa de cada uno de nosotros. El hacernos los de la vista gorda diariamente nos convierte en cómplices de un drama social que impacta a todos los estratos de forma directa o indirecta. No basta con refunfuñar o quejarnos en silencio, teníamos que unirnos y demandar de las autoridades locales y nacionales algunas soluciones concretas e inmediatas para este tema, pero pasó el tiempo y dejamos que el enano se creciera, tan gigante que ahora es capaz de paralizarnos, de atemorizarnos y de colapsar nuestras ciudades y todas sus dinámicas sociales incluidas.

El Mototaxismo es una actividad que causa accidentes y muertes a diario por lo peligrosa que resulta su operación, ya que son miles y miles de motos circulando en medio de otros miles de carros, buses, camiones y todo tipo de vehículos, en una convivencia insostenible que siempre va a terminar mal. Esta actividad se ha convertido en un problema de salud pública por cuenta de su alta accidentalidad y peor aún, después de haber visto el vandalaje y el terrorismo con que muchos mototaxistas proceden cuando se les pretende poner orden, pues también esto se ha convertido en un problema de orden público. El alcalde y las autoridades distritales ya tienen las razones de peso para intervenir, regular ó restringir de una buena vez, éste atípico "servicio" que mantiene atrasadas a varias de nuestras ciudades. Como sociedad no podemos permitir que nos arrinconen así que tenemos que apoyar de forma cívica y responsable las últimas medidas de choque tomadas por la administración distrital. Muchas veces las crisis generan oportunidades de cambio y ésta podría ser la oportunidad de tomar el toro por los cuernos.

Al analizar las múltiples causas de ésta problemática encontramos casi de inmediato la falta de un sistema público de transporte formal que supla las necesidades de los ciudadanos; estamos lejos de contar con un servicio integral y por ende pululan y abundan las motos como medio alternativo de movilización. Para poder exigir el desmantelamiento o la regulación del Mototaxismo por medio de la ley, es imperativo demostrarles que su existencia no tiene justificación, y para esto las autoridades tendrán que acelerar la tan anunciada reposición del parque automotor, el incremento de rutas, el mejoramiento de vías y todas esas medidas previas al necesario sistema integrado de transporte público que algún día vamos a tener. Es pertinente recordar que hubo un reciente incremento en la tarifa del transporte público el cual estuvo condicionado al mejoramiento de dicho servicio. Esperamos que se cumpla el compromiso pactado a partir del próximo año.

El mejoramiento del transporte público formal en calidad y cobertura será determinante para la salida del mototaxismo por lo menos de los sectores con mayor movilidad y flujo vehicular de la ciudad, como son las calles y avenidas principales. En este caso el mototaxismo quedaría temporalmente como una especie de alimentadores o complementadores de rutas, para los sectores apartados de la ciudad a donde no llega el transporte formal. Esta es una medida realista ya que actualmente sería populista hablar de la erradicación total del mototaxismo, porque hay miles de ciudadanos que aún se benefician de este servicio. Esto se puede constatar plenamente en los llamados "días sin moto" ya que es precisamente en esos días cuando se desnuda el problema del transporte en Santa Marta en su mayor expresión: cuando no hay motos los Samarios padecen y sufren la falta de busetas esperando largo tiempo en los paraderos y andenes de la ciudad, por lo que se demuestra lastimosamente que sí hacen falta las motos para que la gente pueda ir temprano a sus casas. Lo mismo pasa en los días lluviosos y muchas veces a altas horas de la noche.

Es necesario entonces que a corto plazo se mejore el servicio de transporte formal con mayor calidad y cobertura (rutas); y a largo plazo hay que capacitar y apoyar a quienes pretendan salirse de esa actividad informal, con programas e iniciativas empresariales reales, para que éste flagelo macondiano salga por fin de nuestro paisaje urbano.

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