El dotor Timochenko

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com

La noticia inicialmente me puso la sangre en punto de ebullición, como a las mayorías de los colombianos. Después me deprimió porque casi llego a la conclusión de que en vez de haberme quemado las pestañas estudiando, trabajando y viviendo con apego a principios y respeto hacia los demás, he debido optar por la ilegalidad.

Casi llego a la fatídica conclusión de que he debido haber estudiado para bandido o guerrillero y me hubiera ido mejor en la vida. Estaría de alcalde de alguna ciudad importante, o en el peor de los casos, tendría mis posaderas subidas en un yate, con tremenda mona holandesa al lado, y chupando Cuba Libre y puros.

¿Por qué alguien no me dijo que de eso se trataba el comunismo? Así quien no a querer ser comunista. ¿Dónde firmo?

El ministro de defensa, casi logra contagiarme de su mala leche, pero no. ¿Después me dije a mi mismo, que qué tiene de malo que los terroristas de las Farc la estén pasando increíble? Pero así somos los colombianos de envidiosos. Nos duele que a otro le vaya bien. ¡Cómo si ellos no tuvieran derecho a unas merecidas vacaciones!

Dejemos la envidia de lado, que este es el momento de la generosidad, del perdón, del corazón grande. Si lo pensamos bien, es bueno que estén disfrutando, y ojala se amañen. Tal vez esto los convenza de que el peor y más desventajoso acuerdo negociado, es mucho mejor que el mejor conflicto armado.

Lo malo es que los que están en sus filas no puedan disfrutar también. Muchos de los jóvenes y niños sin distingo de género, deberían tener la oportunidad de disfrutar la vida. Tal vez no de broncearse en un yate, como la holandesa, pero por lo menos ir a un sancocho en el rio con su familia, o ir a en bus alguna de nuestras hermosas playas, o simplemente caminar por el parque de su pueblo a ver pasar la gente.

Es más, aprovechando la calentura y buena vibra del momento, propongo que en vez de limitarles el turismo a Cuba, permitámosle que se den un paseíto por otras islas del Caribe, que vayan de compras a Nueva York o se asoleen en Miami, que viajen por Europa, y en fin, que comparen los triunfos del socialismo cubano y venezolano con el resto del mundo, incluyendo a la China capitalista.

Y si después del paseo, no les gustó lo que vieron, pues que emigren para los países socialistas de su escogencia, porque es que no puede ser posible que menos de veinte mil facinerosos quieran obligar al resto de los colombianos a vivir la pesadilla socialista.

Claro que esto es pensando con el deseo y creyendo que son revolucionarios decentes, y no el cartel de narcos, terroristas, secuestradores y extorsionistas que son. O, ¿será que ya llegó el momento de los eufemismos hipócritas y ahora hay que sustantivarlos teniendo en cuenta la corrección política? Vislumbro cercano el día en que nos toque decirles dotores. Por ejemplo, ¿Cómo le gustaría el tinto dotor Timochenko, con una o dos cucharaditas?...de cianuro puro.

Parentéticamente, como me gustaría tener el verbo retro y grandilocuente de Londoño Capurro para afrentarlos con la rimbombante parafernalia infernal de frases memorables, sonoras e insufribles rescatas de los incunables. Pero no, tocó a mansalva, con alevosía e irreverencia Caribe.

Me imagino la emoción que deben estar sintiendo los combatientes de las Farc, viendo a sus comandantes viviendo cual vulgares capitalista. La moral revolucionaria debe estar por los cielos porque si hasta yo estoy emocionado. Con toda seguridad, el pueblo cubano los mira con envidia.

A pesar de todo y todo, no veo el momento de darle un fraternal abrazo al dotor Timochenko, La mayoría de los colombianos estamos dispuestos a darles una oportunidad si este es el inicio de la construcción de la paz.

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