Las brujas en el Caribe

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Carlos Bustamante Barros

Carlos Bustamante Barros

Columna: Columna Caribeña

e-mail: cm-bustamante@hotmail.com

De las brujas en el Caribe, empieza hablarse desde épocas coloniales, recordemos los períodos de la inquisición en Cartagena cuando la Santa Iglesia Católica, en un acto sin precedentes en la historia de Colombia y del mundo opta por determinaciones extremas en atar de pies y mano a un tronco seco a las practicantes de hechicerías, las que luego eran incineradas por orden expresa de los Corona Española asentados en los territorios conquistados del nuevo mundo.

Con posterioridad, luego del decurso de los años, el imperio Español decidió reformar esas determinaciones inquisitivas suprimiendo definitivamente esas prácticas radicales en el nuevo mundo, buscando con ello flexibilizar sus políticas en estas materia, pero que causaron mucho escozor y miedo entre quienes desarrollaban estas prácticas diabólicas, proscritas por los postulados cristianos en sus enseñanzas de las sagradas escrituras de inspiración divina.

Al producirse en ultramar esta decisión coyuntural que en razón de su naturaleza podríamos denominar de orden legal, continuaron entonces las prácticas de la brujería en Cartagena que se fueron extendiendo paulatinamente a todo el litoral Caribe hasta cubrir la totalidad del territorio norte de la Nueva Granada, en la que abundaban los asentamientos humanos a orillas de los ríos y quebradas y las distracciones comunes eran prodigadas por los magos de circos, que iban a cada uno de los pueblos con sortilegios haciendo salir palomas de sus sombreros de copa con el leve chasquido prodigados por sus dedos.

Los artistas de la plástica también se han ocupado de estos temas, al plasmar en sus obras de arte representados en pinturas al óleo, esas enunciaciones de brujas volando sobre palos de escoba, para posarse en casas de techos altos, las que representan como septuagenaria, desdentada, cabellos despeinados, y de carcajada sonora y prolongada que crispan los nervios de humanos, en medio de la noche oscura y tenebrosa.

Con el decurso del tiempo esta figura legendaria en la cultura del Caribe desde tiempos inmemoriales, ha ido perdiendo fuerza con el modernismo de nuestros días, a tal punto que su sola mención se sitúa como referencia del pasado, o como solemos decir en nuestro lenguaje castizo "pasó de moda" para significar su relevancia en el decurso de los años pasados.

Sin embargo, muy a pesar que no se mencionan estas leyendas de brujas volando en palo de escoba en estos tiempos modernos porque vuelve y se insiste ha perdido vigencia, siguen teniendo presencia en la sociedad los brujos (as) que podríamos denominar modernos, con oficinas, aires acondicionados, secretarias, teléfonos celulares, a los que acuden distintas personas del género femenino y masculino, de profesiones distintas, pertenecientes a todas las capas sociales, que buscan información en la predicción de su futuro personal, aseguranzas, a través de los sortilegios de cartas, tabacos malolientes, velones de colores, en la que los chamanes tratan de visualizar el futuro con sus artes predictivos insospechados.

En realidad parece ser una constante en el ser humano a través de su oscilante e inverosímil historia, su inclinación en conocer que le depara el futuro y su suerte, recordemos por ejemplo las predicciones del astrólogo francés Nostradamus cuyos vaticinios futuristas fueron cumplidos casi todos, de igual manera a los zares rusos con el mago de cabecera llamado Rasputin ocurridas en el siglo XVII y XVIII quien aprovechó la confianza depositada en él por los monarcas aludidos para gobernar, incluso se ha hablado con creces de los castillos encantados en Rumania e Inglaterra , lo que indica que este fenómeno de parasicólogos, brujos(as) o chamanes, tienen presencia realmente en la sociedad aunque en el mayor de los secretos porque sus prácticas no ha sido legitimada aún por la ley de carácter legalista.

Pero donde mayor trabajo tienen los chamanes es en el ámbito pasional donde acuden a gran escala mujeres desatendidas por sus maridos, que buscan ayudas del chaman para recobrar las enjundias íntimas perdidas por sus consortes y sentirse deseadas, aunque sobre tal tópico es preciso señalar que hay brujos ingeniosos o avispados como le decimos en el lenguaje del Caribe, los cuales aprovechan la coyuntura surgida y terminan galanteando a la bella mujer que acude presurosa a sus dotes predictivos, aunque a fin de cuentas se termine el mismo embrujado por los atisbos sutiles de los encantos femeninos , como el efecto mismo del bumerang que arrojado al espacio vuelve por las gravitaciones físicas al punto de su lanzamiento inicial sin remedio alguno.

Al final de la presente entrega periodística, recuerdo como estela fulgurante de luz en la noche oscura al célebre indio amazónico que debe a estar a estas horas en alguna plaza de Colombia vestido a la usanza indígena con aditamentos vegetales sobre sus sienes, desplegando fuerza con su verbo encendido, promocionado su ungüento de uñas de gato que sirven para aliviar el dolor de cabeza, especialmente en estos tiempos tan difíciles del acontecer oscilante de la patria sacudido por nuevos escándalos de corrupción de contratos millonarios.

Inmerso en las propias catacumbas de tierra del olvido, deseo enviar un saludo fraternal de amigo Caribe a todo el que se digne recibirlo, incluso al gremio de los chamanes diseminados por doquier en la disímil geografía de la patria con su escala de montañas, océanos, ríos, selvas agrestes y planicies sin fin.

El mundo y la vida siguen su curso…

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