De la higiene y las buenas costumbres

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

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Recientemente, una revista colombiana de amplia circulación publicó un artículo denominado "Análisis microscópicos", en el cual se muestra el peligro sanitario al que estamos expuestos por cuenta de muchas costumbres desafortunadas.

Dieciséis elementos examinados en diversos sitios de Bogotá mostraron una verdad incontrovertible: entre el desaseo, la mala higiene, la falta de educación y de controles sanitarios, es enorme el riesgo de contraer infecciones adquiridas por la manipulación de los objetos de diario uso, tanto en casa como en la calle.

De los objetos que analizó un laboratorio especializado mediante estudios bacteriológicos, sólo 6 de los 16 cumplen con las condiciones de higiene para el uso o consumo de los seres humanos: un precario y diciente 37.5%.

El estudio, si así se le puede llamar, incluyó aparatos o elementos de manipulación frecuente o de consumo diario: la barra de un carrito de supermercado, la palanca del inodoro de un centro comercial, gafas 3D de una sala de cine, celulares callejeros, tubos de un bus, zapatos para jugar bolos, cepillo de peluquería, taza de la cafetería de una clínica importante, un billete de $2.000, en fin.

Mientras la comida callejera aparece contaminada con bacterias propias de la materia fecal en alguna de las muestras revisadas, la hamburguesa de una reconocida cadena es total y absolutamente adecuada para el consumo. Pero esa es la realidad. No se salva ni el agua bendita de la pila de una iglesia del centro capitalino.

Se encontraron evidencias de personas que, infectadas y posiblemente sin las medidas terapéuticas debidas, manipularon varios de los elementos analizados, dejando no sólo la huella en ellos sino la semilla de la contaminación para los siguientes usuarios. Toda una fauna de microorganismos capaces de producir infecciones de letalidad potencial.

La higiene y el aseo, complementarias entre sí, realmente deben provenir del hogar y complementarse en los centros educativos. Y acá se aprecia una falla gigantesca. Hay maestros bien intencionados que no tienen fundamentos para aportar a niños que, por otra parte, tampoco los traen de sus hogares, dando paso con ello a comportamientos reprochables, a grandes boquetes de civilidad. Si revisamos los contenidos del pensum escolar encontramos que, en comparación con épocas anteriores, la intensidad horaria en cultura, civismo, comportamiento e higiene ha disminuido en favor de la ciencia y la tecnología.

Parecería además que, en algunos colegios y escuelas, estas materias incomodan al plantel y al estudiantado. Entendemos que los países deben progresar, compartimos que los estudiantes requieren mejores fundamentos para su formación técnica o profesional, exigimos contenidos acordes con las épocas, procuramos mayor énfasis en materias de actualidad y proyección, pedimos un bachillerato internacional y competitivo para nuestros estudiantes, al tiempo que nos olvidamos de las buenas costumbres como un asunto social primordial. Mientras Colombia avanza en la reducción del analfabetismo, es evidente el detrimento de las llamadas buenas costumbres por falta de educción en estas materias.

Los tiempos cambian y los hábitos sociales también, naturalmente. Hay migraciones de gentes con sus tradiciones, hay mayor contacto entre sociedades antes lejanas, las nuevas generaciones imponen sus modas, la tecnología influye decisivamente. Al pedagogo venezolano Don Manuel Carreño debió parecerle chabacano y de pésimo gusto el comportamiento social de muchas personas de su época, y hace poco más de siglo y medio publicó su "Manual de urbanidad y buenas maneras", un detallado compendio del adecuado comportamiento en sociedad, todo un arte realmente.

Uno de sus apartes trata acerca del aseo y la higiene, y parece aplicable en su totalidad a las actitudes de muchas personas de hoy. Si bien es cierto que algunas directrices son anacrónicas y otras parecen ridículas a los ojos contemporáneos, el conjunto del Manual de Carreño cae muy bien en cualquier época, sociedad o circunstancia, particularmente en lo referente a las costumbres higiénicas. El eje fundamental sigue intacto: el respeto hacia los demás mediante las reglas de comportamiento social, de las buenas maneras, universales de suyo.

Coincidiendo con estos planteamientos, nos encontramos que el representante Miguel Arenas propone a través de un proyecto de ley volver a enseñar las cátedras de educación cívica y urbanidad, tomando como referencia el manual de Carreño, en una sociedad en la que la profunda transformación o ruptura de sus lineamientos y valores ha producido una crisis ética y moral de proporciones dantescas. Bienvenida esta iniciativa originada desde un colegio de Bucaramanga.

Sin exageraciones ni amaneramientos, sin severidad monacal y con total respeto a la diversidad religiosa y cultural, y sin trasgredir los derechos fundamentales, sí que se necesita reconstruir todo un conjunto de valores y principios sociales de común aceptación y aplicación que tanta falta hace por estos tiempos.