La oralidad escrita

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alvaro González Uribe

Alvaro González Uribe

Columna: El Taller de Aureliano

Web: http://eltallerdeaureliano.blogspot.com

"En la casa tenía un cerdo, lo matábamos en diciembre y lo prestábamos a los vecinos, una libra, dos libras, y cinco libras, hasta que repartíamos el cerdo prestado, porque no teníamos con qué comprarlo. Entonces, cuando en las demás partes mataban, nos devolvían, y así comíamos carne".

Así vive, se relaciona, y sobrevive la gente…, tal como lo narra Mariana Sánchez del corregimiento Palmor (Ciénaga) en la Sierra Nevada de Santa Marta, cuando habla de la colonización de su ladera occidental a la revista Oraloteca.

El fenómeno de la oralidad es tan particular que incluso se puede escribir, y por supuesto cantar, danzar, filmar, fotografiar, pintar o esculpir, sin perder su esencia, sin dejar de ser "oralidad".

La revista Oraloteca, del grupo de investigación "Oralidades, Narrativas Audiovisuales y Cultura Popular en el Caribe Colombiano" de la Universidad del Magdalena, es un trascendental proyecto cuyo objetivo es dar a conocer el alma de nuestro pueblo. Así: "el alma de nuestro pueblo", porque de allí directamente proviene este trabajo, palpando esa alma en su estado puro y fresco, y dándola a conocer recién brotada de su manantial, sin filtros ni tergiversaciones ni formas artísticas que la alteren, así pudiesen agregar belleza.

Es el valor de Oraloteca, dirigida por el antropólogo Fabio Silva Vallejo: mostrar las percepciones de la gente común, sus sentires y sus opiniones desde su fuente íntima. Esas voces juntas plasmadas en la revista, y muchas otras que van por ahí con el viento rompiendo el aire, son la verdadera cultura neta y pura. No en vano es el nutriente de todas las artes.

No se intenta demeritar al periodismo ni al arte, que también abrevan en las vivencias, costumbres y voces de la gente, aunque vertidas a su propio lenguaje; traducción que precisamente es el valor artístico que agrega cada autor, y que por fortuna es la esencia de las artes, pero que se mueve en otro plano. Acá se muestra su veta, su origen casi que silvestre si se quiere, y por ello también hermoso.

Oraloteca es otra manera de acercarse al ser humano con una gran audacia, pues además de ayudar a conservar nuestra idiosincrasia y nuestra memoria, permite conocer el pensamiento vivo de quienes habitan los territorios, tantas veces tratado de interpretar mediante diversos medios, pero tan pocas veces visto en su forma originaria, ideal para una comprensión suficiente, clave en la solución de las problemáticas.

Además, tiene un valor social inmenso: pocas veces un medio reproduce las voces ciudadanas de manera directa, sin ediciones y sin vendas, ni tampoco con amplificadores o negrillas o cursivas que traten de darle a esas expresiones algún agregado cualitativo o cuantitativo de quien las transmite, sea para mal o para bien.

Esa fidelidad permite que veamos las almas tal y como son, que las escuchemos tal y como perciben, analizan y opinan el mundo que les tocó vivir. Ese mundo lleno de sobresaltos, tesoros, carencias, conflictos, intrusiones, éxodos, colonizaciones y miles de vivencias que van forjando las almas y les van dando su propio lenguaje, su propia semántica, sus propios sonidos y sus propios ritmos; ritmos que danzan con las palabras y las letras, como si Oraloteca fuera una partitura de la sinfonía de la vida cotidiana con todas sus vicisitudes.

De allí su mérito como instrumento innovador creado por la universidad en cumplimiento de su misión investigadora y de extensión; como una herramienta para auscultar el sentimiento de los pueblos, sus anhelos, desgracias, dichas y sueños, con el objetivo de que todos quienes sentimos obligación con la sociedad, poseamos un conocimiento más fidedigno, idóneo para adoptar acciones más pertinentes y políticas públicas que de verdad impacten la calidad de vida.

Del otro lado de la oralidad está el saber escuchar, oír y percibir las palabras limpias entre los susurros, el murmullo o la algarabía, lo cual permite distinguir con claridad las ideas y los sentimientos, para que así sepamos cómo desempeñar nuestras funciones y labores en procura de volver realidad las esperanzas de los pueblos.

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