Un presidente acorralado que no claudicó

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Orlando López Lozano

Orlando López Lozano

Columna: Así veo las cosas

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Entre las múltiples situaciones macondianas que pululan en los pueblos de la Costa Caribe colombiana, existe una pintura popular que por su genial ocurrencia mueve a risa. Se trata de un cuadro cuyo contenido consiste en un árbol corpulento que se levanta en la orilla de un río, con unas largas ramas que se suspende sobre sus aguas. Una de sus ramas está semi-quebrada, como consecuencia del peso de un hombre que en ruda carrera huía de un leopardo que lo perseguía, con tan mala suerte que al final de la rama en cuestión se hallaba un enorme cocodrilo dentro del agua con sus mortíferas fauces abiertas, esperando la caída de su posible presa. Como se trataba de un cuadro sin movimiento, los espectadores nunca pudimos ver el desenlace de semejante tragedia anunciada.

Tal situación -sin sus consecuencias trágicas- me hace establecer un símil con los actuales momentos por los cuales atraviesa nuestro actual mandatario.

Atrapado entre los odios y diatribas del poliglota Nicolás Maduro, el rey de los galimatías, Daniel Ortega, Matusalén Castro, el admirable aborigen Evo Morales y el pendenciero mudo Rafael Correa, no encontraba una vía expedita para escaparse de sus cinco cancerberos, hasta que un día cualquiera aprovechó la concentración que Cuatro, Ortega, Evo y Rafael, le regalaron a Enrique, para escucharle su perfecta pronunciación del ingles, francés, italiano, japonés y hasta mandarín, vio un canino expedito que lo conduciría a tierras de la Otan y sin dudarlo un segundo se fugó y cuando los cinco cancerberos se percataron de la fuga, lanzaron al unísono un alarido de protesta, porque la presa que creían tener atrapada, se les había escapado para fortalecer su necesaria defensa militar.

De regreso, el Sr Presidente de la República apareció fortalecido y optimista, consiguiendo con tal cabezazo aplacar un poco a los ataques de los cinco cancerberos, quienes -por el momento se limitaron a murmurar suspicacias detrás de bambalinas-.

Pero las cosas no pararon ahí, pocos días después de su llegada, estalló el conflicto del Catatumbo, un golpe bajo de las Farc, cuyos guantes llevaban camuflados cultivos ilícitas, curas jesuitas y agitadores profesionales entrenados por las Farc. Cuando el Gobierno les ordenó a los amotinados la erradicación de sus cultivos ilícitos, se negaron a hacerlo violando con flagrancia inaudita nuestro Código Penal. A tal fenómeno se le sumaron pueblos como Arauca, Putumayo, Nariño y grupos de bandidos que pensaron "pescar en río revuelto". Todo parecía llegar a feliz termino, cuando las Farc y la incapacidad de los ministros al lado de la verborragia de Lucho Garzón, atacaron por la retaguardia al frente de los trabajadores del Agro, los mineros, los camioneros, los lecheros, y el Presidente de los colombianos ahí, defendiéndose solitario del ataque artero y continuado de lobos, hienas, panteras y demás fieras de la oposición y negociadores de las Farc quienes, desde La Habana, maniobraban como titiriteros los hilos de sus marionetas.

Las únicas arma que usó el Sr. Presidente para hacerle frente a este multi paro, fueron su temperamento flemático, su frialdad cerebral que como los aleteos del colibrí, urdía las estrategias situado en el mismo lugar. Nunca lo vimos con movimientos nerviosos, desplazamientos alocados o palabras descompuestas.

Es un Presidente de temple -dicen unos-. Es un Presidente de reacciones tardías -afirman otros-. Es un Presidente inepto -dice el resto-.

De los tres calificativos endilgados al Sr Presidente, me quedo con el primero, toda vez que calificar a un Jefe de Estado de inepto y de tardío en sus reacciones cuando ha salido airoso de una refriega infernal sin despeinarse, con la corbata en su puesto y el animo equilibrado, es ser demasiado intransigente, egoísta, es tanto como revelarle a los colombianos que de dirigir o mandar no sabe nada ya que la única posición de mando que ha ocupado en sus vidas, es la de muleteros.

Aceptar las calidades políticas y diplomáticas del Presidente de la República al resolver tan espinoso caso, es gallardo, negarlo, es tozudez de la oposición.

El Paro Agrario ha tocado su fin, solo quedan algunas pequeñas escaramuzas que siguen alimentando la loca y enfermiza esperanza de un Golpe de Estado en una nación que debido a su madurez política, ha sido mas bien estéril para esta clase de locos acontecimientos.

La oposición y las Farc siguen aun desconcertadas. A estas alturas no han podido explicarse como el Sr. Presidente de la República pudo salir ileso a través de la semí-quebrada rama de un árbol, con un leopardo en la retaguardia y un cocodrilo al final de la rama, esperando que se quebrara definitivamente, pero no, el Presidente sigue ahí, de pie, cargando baterías para, a pesar de "la cobarde envidia", recorrer con éxito el último tramo de su mandato. Y así será.

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