El siglo veintiuno es de nosotros

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com

La Costa Caribe desde la fundación de la República ha participado activamente en las grandes decisiones del país. Esto a pesar que hace más de cien años no hemos tenido un presidente costeño.

Imperceptiblemente esto ha cambiado, y si miramos el actual panorama político del país, la Costa Caribe ha perdido su influencia. En el Congreso, en donde alguna vez tuvimos oradores y políticos brillantes, hoy no queda uno.

Si miramos la pléyade de presidenciables, la Costa Caribe no tiene hoy una sola figura de proyección nacional que pueda pelear la presidencia en el inmediato futuro. Santos dijo que el corazón lo está impulsando - aunque a mí me suena más que el impulso es de procedencia hepática o testicular- a atornillarse en el solio de Bolívar hasta el año 2018; y después vendrá Vargas Lleras, seguido por los delfines capitalinos, que acaban de dejar la mamila y ya están en fila india. ¿Y nosotros?

Para que no nos digamos mentiras, ni Verano, ni José Félix Lafaurie, ni Cecilia López tienen opciones reales para ser candidatos nacionales viables. Y de los que son o han sido ministros en gobiernos recientes, mejor ni hablemos.

Estamos viviendo un periodo de orfandad de poder regional, que no debemos permitir que se prolongue por mucho tiempo porque podría convertirse en vocación permanente. Las razones de esta orfandad son muchas, y algunas de público conocimiento como por ejemplo, el escándalo del paramilitarismo que afectó el mapa político regional de manera importante y profunda.

Sin embargo pienso que la razón principal por la cual hemos perdido poder en el país es mayormente económica. Para revertir la tendencia e incluso superar nuestro punto de influencia más alto, debemos lograr que la Costa Caribe tenga un peso importantísimo en el PIB.

En Colombia es verdad de a puño que el poder económico determina el poder político, y por esto las castas bogotanas nos han gobernado por un buen número de años.

Mientras cinco de los siete departamentos más pobres del país estén en nuestra región, con las secuelas propias de la pobreza, estaremos lejos de tener poder real en el concierto nacional. El obcecado y egoísta modelo centralista puede negarse cuanto quiera a que Colombia sea un país de regiones, como propone Verano, pero no puede impedir que pensemos y actuemos como tal; esta es nuestra prerrogativa.

No podemos darnos el lujo de esperar más, y la coordinación regional tiene que comenzar a darse. Es no solo un imperativo moral para nuestros gobernadores y alcaldes sino además una necesidad manifiesta que debemos tutelar todos los gobernados.

Desde los inicios de la República, la Costa Caribe fue testigo de cómo el progreso entró por nuestras costas y fue llevado tercamente a lomo de mula a las escarpadas altiplanicies. Siguió de largo. Desde entonces hemos sido una región atrasada con bonanzas económicas esporádicas de alguna cosa, aunque esa cosa haya sido, o aún sea, ilegal.

La buena noticia para nosotros es que las exigencias de un mundo globalizado dictan que por fuerza el progreso y bienestar del país pasen por ambas costas. ¿Vamos a repetir la historia y nos vamos a conformar con verla pasar y quedarnos solo con las migajas?

Esta historia no puede y no debe volver a repetirse. Ambas costas tenemos una oportunidad única para convertirnos en el motor y eje principal del desarrollo del país. Este siempre fue el derecho de las cosas y nuestra vocación natural.

La verdad es que mientras las costas sigan sumidas en el atraso, el país jamás alcanzará su verdadero potencial de desarrollo. Lo digo con orgullo pero también con consciencia plena de la responsabilidad que tenemos sobre nuestros hombros.

Lo que debe hacerse forma parte de un recetario más que conocido y trillado y no hay necesidad de repetirlo. El llamado es a la acción.

El liderazgo económico de la Costa Caribe nos daría a su vez un liderazgo político que nunca antes hemos tenido. Es asunto de elemental justicia que la Costa Caribe salga de la retaguardia y pase a la vanguardia. La reivindicación de nuestra historia aboga para que el siglo 21 sea el siglo de las costas. Sin las costas, el país no tiene futuro. Así de sencillo.

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