El mayor reto de Santa Marta en sus casi 500 años

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Escrito por:

César Serpa Vega

César Serpa Vega

Columna: Opinión

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¿Será que en 12 años nuestra querida Santa Marta alcanzará a cambiar su realidad actual, para que al cumplir sus 500 años de fundada sea otra ciudad totalmente distinta, es decir, esa ciudad moderna con la que soñamos hace tiempo?

488 años han pasado desde que el conquistador español Rodrigo de Bastidas estableció una pequeña aldea por órdenes de la corona para la cual trabajaba, pero a la vez con la intención de pasar sus últimos días de vida, para lo cual trajo y organizó todo lo que estimó conveniente y necesario para que éste pueblo fuera próspero y duradero en el tiempo.

Santa Marta fue erigida como la capital de la gobernación que llevaba el mismo nombre y que más tarde fuera declarada provincia. Desde aquella época ya era valorada su condición de puerto, convirtiéndose después en el principal terminal marítimo del país, en tiempos de la Nueva Granada.

Los primeros vestigios del "modernismo" Samario se dieron con la fiebre del banano, que trajo el ferrocarril para transportar pasajeros y todo tipo de mercancías (algo que increíblemente ya no se ve en estos tiempos "modernos", sino que fue reemplazado por el transporte de puro carbón), y luego poco a poco fue impulsado el turismo desde Bogotá (como casi siempre), por medio del establecimiento de hoteles y la apertura de nuevas rutas que conectaran las hermosas playas y demás paradisiacas bellezas con que la naturaleza nos premió.

En adelante la historia es ya conocida por todos, el mismo "modernismo" nos llevó a aceptar (sin consulta previa) la instalación de enormes puertos carboneros que han ido desplazando nuestra vocación natural y otrora ventaja comparativa y competitiva: El Turismo, porque es algo totalmente incoherente fomentar un sector minero de carácter temporal, el cual vive de la destrucción, depredación y contaminación de la naturaleza, la cual es la base de la actividad turística.

No es compatible ni sostenible esa relación entre carbón y turismo. Si nuestra apuesta es pretender posicionarnos como un gran destino turístico de talla mundial, ¿cómo vamos a lograrlo teniendo en nuestro principal horizonte visual a una cantidad de barcos carboneros esperando turno para entrar a nuestro puerto local? Por más precauciones que se tomen y por más adelantos tecnológicos, es casi imposible mitigar totalmente los efectos dañinos del polvillo del carbón.

Nuestra sociedad portuaria local podría perfectamente enfocar sus operaciones en otras actividades como por ejemplo, la ampliación de los muelles para contenedores tal y como es la tendencia mundial, ó el almacenamiento y movimiento de granos de lo cual eran especialistas y líderes históricos a nivel nacional, ó una cadena de frío para almacenar alimentos de consumo nacional y mundial, ó el almacenamiento de vehículos, ó lo más lógico: la construcción de un verdadero terminal turístico de clase mundial para recibir a los turistas con orgullo y fundamento; todas las anteriores son alternativas diferentes a la opción rentable, pero facilista y destructiva del almacenaje de carbón.

Si los Samarios nos uniéramos podríamos presionar y decidir sobre el uso de nuestro puerto, ya que no podemos olvidar que los puertos son públicos y que simplemente se encuentran concesionados temporalmente a empresas privadas. No olvidemos tampoco que el bien común prima sobre el individual y que todos tenemos derecho a un ambiente y a un aire sano.

Es algo de simple y sencillo sentido común: un turismo básicamente de sol, playa, ecología, arqueología e historia No puede ser compatible con puertos carboneros que ensucian el lecho marino y ponen en peligro a todas las especies que allí habitan, las cuales son quienes mantienen el equilibrio natural del hermoso ecosistema que nos posiciona y diferencia como un lugar mágico y especial a nivel mundial. No permitamos que se ponga en peligro un regalo bendito de la naturaleza por una simple explotación temporal que sólo dura lo que aguante la mina. Santa Marta y los Samarios con 488 años encima ya estamos en edad de definir cuál es nuestra verdadera vocación y apuesta socioeconómica: más y más turismo.

Pensemos por ejemplo en el futuro desarrollo de la zona franca turística ubicada en el sector de "pozos colorados", la cual cuenta con varios kilómetros de playas propicias para grandes proyectos hoteleros y residenciales de una forma urbanizada, moderna y sostenible; pero si continúa el cargue y descargue de carbón en la misma parte en donde se hace actualmente, es posible que se destruya el ecosistema de esa zona, con lo cual se echaría al traste este importante proyecto con tanto potencial.

Finalmente nuestro principal reto ciudadano para los próximos 500 años (dentro de sólo 12 añitos) es definir y consolidar nuestra verdadera vocación natural como ciudad y que asumamos como consigna y propuesta colectiva: ¡Más turismo y menos minería en Santa Marta!!!

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