¡Ay! Santa Marta luminosa

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alvaro González Uribe

Alvaro González Uribe

Columna: El Taller de Aureliano

Web: http://eltallerdeaureliano.blogspot.com

Entre las riquezas naturales de Santa Marta hay una que poco se menciona quizá por evidente: ¡Su luz! Santa Marta brilla de una manera diferente a otras ciudades del Caribe y del trópico.

No sé la razón de ese resplandor. Es una luz solar cuya brillantez llena y se siente y penetra por todos los resquicios de sus edificaciones, de sus árboles y de las personas incluyendo su alma. La bóveda celeste que rodea la ciudad es un azul radiante único. Alguna vez leí que Bolívar la llamó"La luminosa" y dice Gabo que el General en su laberinto expresó frente al esplendor de la Bahía:"Me duelen los ojos de tanto mirarla".

Hoy en sus 488 años de fundación recordamos la paradoja que para Bolívar fue Santa Marta: Primero, reacia a la Independencia por razones justificables que pocos han entendido y son una muestra más del centralismo aún vivo de nuestros gobiernos nacionales ciegos a los intríngulis de las regiones; y, segundo, cierto aprecio especial que pese a su "arrogancia" (quizá por eso) ya albergaba Bolívar por la ciudad, reforzado con la casualidad de sus últimos días en Mamatoco.

"Ha llegado la última aurora: tengo al frente el mar Caribe, azul y plata, agitado como mi alma, por grandes tempestades; a mis espaldas se alza gigantesco el macizo de la Sierra con sus viejos picos coronados de nieve impoluta como nuestros ensueños de 1805; por sobre mí, el cielo más bello de América, la más hermosa sinfonía de colores y el más grandioso derroche de luz". (Carta de Bolívar a Fanny Du Villars; San Pedro Alejandrino, 6-12-1830; "Santa Marta Vista por Viajeros", Álvaro Ospino Valiente, Bastianos Editores, 2005).

Hoy el sol completa la luminosa vuelta 488 sobre este lugar del planeta desde que fuera fundado como Santa Marta por Bastidas. Hay mucho por decir sobre lo sucedido en esos 488 años, pero hoy debe importarnos más lo que haremos en los años venideros, como enfocar todos los esfuerzos al turismo, su indiscutible y definitiva vocación económica dada por su mayor fortaleza: las excepcionales riquezas naturales, brillantes y coloridas. Pareciera obvio, pero no todos tienen ese convencimiento y entre estos falta mayor decisión.

Por ejemplo, para ello es necesario conocer el pasado, algo por lo que pocos en Santa Marta se preocupan, con valiosas excepciones. Nunca es tarde, y para los samarios urge la tarea de conocer y enseñar la historia grande y pequeña de la ciudad, como única forma de saber de dónde vienen, dónde están y para dónde deben ir.

Cada casa, cada calle, cada esquina, cada parque, cada playa, cada riachuelo y cada familia samaria tienen una valiosa historia detrás, por ínfima que algunos la consideren (en la historia no hay nada ínfimo).

La suma de todas esas historias es la base de la gran historia de Santa Marta que a su vez es clave para el impulso de una ciudad que todos sabemos se merece mucho más de lo que hoy es, pero que por varias razones no ha tomado ese rumbo que incluya por supuesto una calidad de vida general mucho mejor. Un desarrollo desequilibrado social y geográficamente no es desarrollo, y es allí donde radica uno de los principales errores históricos de Santa Marta, en este caso similar a Cartagena.

Termino mi modesto homenaje a Santa Marta en su cumpleaños 488, compartiendo con los lectores la delicia del siguiente fragmento de luces y colores escrito en 1855 por el geógrafo francés Elisée Reclus, tomado de la obra ya mencionada de Ospino Valiente, uno de quienes se preocupan por investigar y dar a conocer la historia de nuestra "Luminosa":

"Así la explanada parece sostenida por el gigantesco Horqueta [La cima de la Sierra Nevada] y dulcemente inclinada por un castillo de follaje hacia las ondas deslumbrantes de luz. El promontorio del norte continúa por una cadena submarina y vuelve a presentarse fuera de las aguas formando El Morrillón y El Morro, islas pedregosas que sirven de quiebra-olas al puerto.

El conjunto del paisaje encerrado en este recinto es de una armonía indescriptible; todo es rítmico en ese pequeño mundo, limitado hacia el continente, pero abierto hacia el lado de las aguas infinitas; todo parece haber seguido la misma ley de ondulación desde las altas montañas de cimas redondas hasta las líneas de espuma, débilmente trazadas sobre la arena. (…) Los que han tenido la dicha de contemplar este grandioso paisaje jamás lo olvidan. Uno de mis amigos granadinos, a quien antes de ir a Santa Marta le había pedido algunos datos de esta ciudad, solamente pudo responderme con una sonrisa y con esta palabra, ¡Ay!"

Sí, dos veces "¡Ay!" Santa Marta: ¡Ay! por tus dolores y ¡Ay! por tu esplendor.

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