Santa Marta y su medio ambiente

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Edmundo Jiménez Valest

Edmundo Jiménez Valest

Columna: El Hurón

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En tiempos tan complicados y subsumido por la política aplanadora de la economía de mercado, no podemos dejar de lado, el medio ambiente.

Santa Marta no puede ser la excepción. Su mar, con hermosas bahías y un Parque Natural Nacional como es el Tayrona, a pesar que la mitad de este se encuentra dentro del Distrito de Santa Marta, por ese hecho, no deja de ser unas de las perlas naturales que tiene Colombia para presentar ante el mundo respecto a la economía del turismo. Imponente se observa desde los aires, acompañado del único sistema montañoso independiente existente en el mundo, como es la Sierra Nevada de Santa Marta. Mirándolo así, todo estaría bien. Pero no.

El mar de la ciudad más antigua de Latinoamérica, Santa Marta, está contaminado. Lo daña el transporte de carga y descarga de carbón de las empresas carboníferas; lo contamina el vertedor de las aguas que circulan por el otrora imponente Río Manzanares, hoy convertido en una cloaca, además de todos los desechos producidos por su población que van hacia mar adentro y, por las aguas que bajan desde las faldas y cúspides de los cerros, que por su deforestación sufridas por las invasiones, llegan a depositarse en el lecho del mar.

Pero la ayuda a contaminar, aún más, la tumbada de los cerros tutelares que estaban ubicados en sitios estratégicos de la ciudad de Bastidas. Para este caso, de los cerros tutelares de Santa Marta, haré un comentario muy sucinto por cierto, del ensayo elaborado por docentes samarios de la Universidad del Magdalena, Armando Lacera Rúa, Gustavo Cotes Blanco. Alfonso Escobar Nieves y Salvador Valdebláquez Fuentes, Asociación Amigos del Río Manzanares,que denominaron: "Problemática en Santa Marta de Cerros y Recursos Hídricos", Septiembre de 2003.

Ellos, radiografiaron en su momento el desastre ambiental que se avecinaba para la ciudad. Dijeron "Santa Marta, premiada por Natura, está sometida a tensores políticos y sociales que han afectado profundamente sus características ambientales.

En menos de 25 años han desaparecido sus bosques urbanos de especies leñosas xerofíticas (Trupillo, Guamacho y Guinda). Han desaparecido Lobos Polleros, Marinos, Aves Ornamentales (Pitirry, "Manto Gûivi", Sangre e' Toro, Golondrinas, "Canarios" y Cactus Centenarios".

Siguen comentando los exponentes cuando dicen que "El Gran Humedal "Los Trupillos" (Zona de atenuación de la energía cinética del Río Manzanares) fue desecado para construir un centro vacacional, condenando el futuro ecológico de la parte sur occidental de la ciudad. Son invadidos terrenos públicos y levantadas edificaciones que riñen con las normatividades sobre planeación y atenuación de problemas ecológicos. No se han planificado contingencias relacionadas con vertimientos, y áreas boscosas para producción de oxígeno, la recreación y el deporte".

Sostienen ellos que "El centro urbano de Santa Marta es un "nicho" de violencia audible. Las colinas que circundan la ciudad han sido invadidas por encima de la cota permisible; la destrucción de los cerros ha traído un cambio perceptible de los regímenes de lluvia y modulación del clima de Santa Marta, la destrucción de la vegetación de las cimas y laderas de los cerros es asociativa con las avalanchas de tierra y lodo que golpean a los habitantes de las partes bajas de la ciudad; la tala de bosques en los nacimientos de los Ríos Gaira y Manzanares ha producido crisis en la oferta de agua superficial y subterránea…"

Pero para cuando se editó el ensayo, todavía existían los cerros tutelares de la avenida Santa Rita con la Avenida de los Estudiantes en Santa Marta, hoy desaparecido de la geografía, el que fue destruido por la permisividad y el "desdén" de las administraciones cómplices. Los ensayistas llamaban a ese tipo de arrasamiento "Degradación Xenobiótica de Cerros Urbanos de Santa Marta" igualmente se lamentan de las invasiones de las Colinas en el corregimiento de Gaira y en el "Cerro de las Tres Cruces".

Con mucha tristeza y un poco de impotencia, los ensayistas mandan un mensaje, quizás esperanzador cuando afirman en el Colofón: "En nuestra ciudad es muy patético observar el estado de deterioro creciente de los cerros que rodean o se levantan dentro de su Sistema Ecológico.

Son sitios donde nacían y propagaban especies vegetales resistentes a la resequedad: plantas xerofíticas, de carácter espinoso, que originan sistemas tipo "Bosque seco-Espinoso", de vegetación caracterizada por Trupillo (Prosopisjuliflora); Guamacho (Persekia colombiana) Bija (Busera graveolens); Cardón (Lemairocereusgriseus).

Son especies caracterizadas por mantener espinas secas y fuertes como medio de protección contra sus animales depredadores, y jugando un rol muy importante desde el punto de vista de modulación de climas: los rayos solares mantienen, dentro de sus radiaciones espectrales, baja longitud de ondas- de alta energía- como son los rayos ultravioletas, muy perjudiciales para los seres humanos y otros animales, ya que son capaces de activar la degeneración celular.

La radiación solar, arrastrada por el viento, es absorbida por espinas y hojas de cardones, tunas y trupillos, permitiendo la filtración de un viento fresco, renovado y carente de radiación perjudicial para los seres vivos…" Llaman a los cerros "Aeropuertos Naturales", debido a que sirven de sitio de refugios de diversas aves migratorias…"

En esta sucinta información escogida del ensayo y que he tratado de hacer ver lo más importante, muestra el daño que se le hace a los seres vivos, en especial, al ser humano si se permite que se elimine la vegetación y humedales indiscriminadamente. Falta autoridad ambiental.

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