La crisis carcelaria en Colombia

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Halinisky Sanchez Menéses

Halinisky Sanchez Menéses

Columna: Opinión

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En Colombia nada funciona, no funciona la salud, ni la educación, ni la seguridad, ni la justicia, en fin nada funciona, pero tampoco nada pasa.

En esta oportunidad quiero abordar otro servicio social que no funciona en el país, y que atraviesa por una dramática e inhumana crisis, me refiero al servicio carcelario.

Los presos son muy importantes, tan importantes que las sagradas escrituras los menciona en estos términos: "Acordaos de los presos, como presos juntamente con ellos, y de los afligidos, como que también vosotros mismos sois del cuerpo (Hebreos 13:3)" y en otro pasaje resalta: "Desnudo, y me cubristeis, enfermo, y me visitasteis, estuve en la cárcel, y vinisteis á mí (Mateo 25: 36)"

Así las cosas si los reclusos son importantes para Dios, deben ser importantes para nosotros, pues a pesar de la gravedad de sus delitos que reprochamos y condenamos, es un deber cristiano de la sociedad, a través de las autoridades del Estado, darles un trato digno a quienes no dieron un trato digno a sus víctimas, un sistema carcelario con rostro humano debe concretar esa máxima cristiana de no pagar mal por mal, pues al que hizo mal no se le degrada, sino que se le respeta la vida, se le castiga, pero con un castigo que jamás violente su dignidad, en eso consiste la resocialización.

Pero el sistema carcelario colombiano dista mucho de este ideal mencionado arriba, la oficina de planeación del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (INPEC), asegura que de los cerca de 130.000 reclusos en los establecimientos de reclusión del país, 36.000 son sindicados, Esta población se ha duplicado en los últimos 15 años. Ya que para 1995 era de 14.748.

La revista semana en su edición del 15 de agosto de 2012, publicó un estudio de la investigadora Mildred Hartman el cual determinó que durante los ocho meses siguientes a la entrada en vigencia de la Ley 1142 (el 28 de junio del 2007), las detenciones preventivas aumentaron casi diez veces del 4,74 por ciento al 38,65 por ciento, a su vez que durante el periodo de agosto a diciembre de 2011, llegaron a las cárceles del país alrededor de 9.626 nuevos reclusos.

Este paisaje trae como consecuencia inenarrables situaciones de hacinamiento, insalubridad, epidemias y violencia, según el Colombiano en su edición del 22 de junio de 2013, el hacinamiento alcanzó un nivel del 54.5%, es decir, que para una capacidad de 75.726 cupos, hay una población carcelaria de 113.890.

El gobierno nacional ha hecho ingentes esfuerzos, pero las medidas han sido insuficientes, se anunció la construcción de seis nuevas cárceles, pero la crisis es de tal magnitud que esto no será más que un pañito de agua tibia.

Consideramos la crisis carcelaria se explica por tres razones, la primera, consiste en el sistema penal colombiano, la segunda, en la escases de recursos que el gobierno apropia para garantizar la prestación del servicio carcelario y la tercera, la indiferencia social frente a la tarea resocializadora del sistema.

Contrario a lo que se creía el sistema penal acusatorio de corte oral que con tanto bombo implementó el gobierno del doctor Uribe, en vez de redundar en el despoblamiento de las cárceles, produjo el efecto contrario, el éxito del sistema se mide por la cantidad de presos y no por el disminución real de los delitos, por otro lado se necesitan más cárceles y cárceles que cumplan con los estándares de calidad, seguridad y trato digno de los reclusos, esto es muy fácil de solucionar, el servicio carcelario puede cederse a operadores privados mediante la figura de la concesión, no se entiende si en Colombia han privatizado la educación, la salud, los servicios públicos domiciliarios, porque no pensar en la privatización del servicio carcelario y en ultimas se debe elaborar un plan de reeducación moral del delincuente, este plan debe ser administrado por ministerios cristianos de reconocida idoneidad, pues cualquier esfuerzo de resocializar al delincuente es inútil, sino se cambia el corazón del delincuente, y eso solo puede hacerlo nuestro Señor Jesucristo, quien mejor para esta tarea que los predicadores del evangelio.

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