Desigualdad Vs. pobreza

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Escrito por:

Andrés Londoño Botero

Andrés Londoño Botero

Columna: Bitácora del primer y cuarto cuadrante

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Cuando nos desviamos de la rutina, nos invade un ahínco por realizar actividades diferentes y cambiar el entorno y paisaje que vemos a diario. La curiosidad del humano le hace apreciar lo distinto, investigar lo extraño e inventarse lo intangible.

En las manadas de mamíferos, por lo general, existen diversos roles entre los integrantes. También se evidencia la existencia de un orden hegemónico, existen desiguales funciones y esfuerzos. En las comunidades humanas ocurre lo mismo, la desigualdad social y material es natural en la sociedad humana.

No obstante, hay quienes en lo económico ponderan más la pobreza producto de la igualdad, al interés por combatir lo inhumano. Hay algunos académicos que se valen de la creciente desigualdad en los ingresos en épocas posteriores a la revolución industrial, para lanzar arengas en contra de la globalización y la reducción de barreras entre los mercados. No es falsa la afirmación de la que estas personas parten, no obstante, la industrialización, y la posterior liberación de los mercados, ha logrado sacar a millones de seres humanos de la miseria, hambruna y enfermedades. Desde el siglo XIX, la pobreza mundial ha disminuido, menos personas se mueren por desnutrición y la esperanza de vida a nivel mundial ha aumentado.

La clase empresarial que comenzó a gestarse, inició un rompimiento con las estructuras que hasta ese entonces imperaban. Para acceder a lo más alto de la pirámide social, ya no es necesario ser de sangre azul, basta con tener una buena idea de negocio y algo de suerte. El capitalismo le mostró a la humanidad la meritocracia.

Imaginémonos un escenario donde existe igualdad de ingreso garantizado por el Estado. Los individuos que arriesgan su patrimonio y sacrifican sus horas de ocio, verían como su esfuerzo es igualmente valorado al de alguien que sólo se dedica a ejercitar su dedo pasando canales de televisión y alzando el brazo para llevar la copa a la boca. Desde luego no hay que analizar mucho la situación para concluir que quien se esfuerza dejaría de encontrar incentivos para hacerlo. La riqueza no se multiplica dividiéndola, la igualdad generaría pobreza al no propiciar incentivos por sobresalir. El fervor por lograr diferenciarse y sobresalir se vería frustrado por el castigo que impone la acérrima lucha por garantizar la igualdad.

La gran bandera de nuestro tiempo ha de ser la superación de la pobreza. Los avances económicos que ha hecho la humanidad, son un vehículo para mejorar las condiciones de vida y calmar el hambre que algunos padecen. Centrar los esfuerzos en disminuir la desigualdad, reduce los incentivos de generar riqueza, la cual, a la postre beneficia a más personas a través de empleo y oportunidades de crear empresa, gracias al mayor poder adquisitivo. Combatir la desigualdad es dividir la riqueza existente desincentivando su crecimiento a futuro, por ende, la sociedad en general se empobrece, con el latente peligro de una disminución del monto total de riqueza.

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