¡Ese rugido!

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alvaro González Uribe

Alvaro González Uribe

Columna: El Taller de Aureliano

Web: http://eltallerdeaureliano.blogspot.com

Fue hace tres semanas en Pueblito -Chayrama- en el Parque Tayrona. Se trata de las ruinas de un antiguo asentamiento de la cultura Tayrona similar a su hermano mayor Ciudad perdida, pero más pequeño y situado cerca al mar, luego de dos horas de penoso ascenso a pie por un hermoso y escarpado camino de rocas que sale desde el espectacular Cabo San Juan del Guía en el litoral Caribe.

Pueblito está en las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta (falda septentrional del Cerro de La Cruz), en una amplia hondonada en medio de la selva, como una batea inclinada. Esa ubicación, sumada a su carga indígena histórica, lo hace un sitio mágico. Apenas cuatro colores: verde, azul o blanco del cielo, y gris de las ruinas dispuestas en diversos sitios. Silencio total, solo matizado por el canto de algún pájaro solitario. Es magia, pasado, sabiduría, relajamiento, sueños, recuerdos, paz.

Era medio día y solo estábamos los cuatro sin ningún otro turista en ese momento. Allí el silencio es tan silencio que se escucha, en especial cuando uno acaba de subir desde el estruendoso mar contra las rocas. Bajo los altos y frondosos árboles respirábamos ese silencio, ese verde, ese sosiego, esa cultura milenaria.

El potente rugido al principio no sorprende porque uno se encuentra sumido en miles de pensamientos poco terrenales. Fueron dos, y luego tres y luego otros cuatro rugidos.

Ya con la conciencia despierta y alerta los rugidos se percibían más fuertes. Sin embargo no había temor, sin negar inquietud. Había interrogante, sí, pero era un ruido normal teniendo en cuenta aquel escenario de cualquier expectativa. De todas maneras nos miramos sorprendidos con ojos indagadores; todos lo escuchamos. Por el vigor de los rugidos no se trataba de un animal pequeño. Recordé ese mismo rugido en los zoológicos que he visitado y no me quedó duda: Es un puma o un jaguar, dije, pero está lejos…

Sin embargo, pensé en lo cerca que estaba de vivir "El cuento del tigre", que aprendido de mi abuelo narré tantas veces a mis hermanas menores, a mis primos, a mis hijos y a mis sobrinos cuando todos eran pequeños.

Luego investigué. Un reciente proyecto realizado por el Programa Paisajes de Conservación, la Fundación ProCat Colombia, el Ministerio de Ambiente y Parques Nacionales, dio cuenta del regreso de cuatro de los seis más importantes felinos de Colombia a sectores como Pueblito, El Cedro y Palmarito en el Parque Tayrona. Los trabajos de seguimiento evidenciaron la presencia de nueve ejemplares entre los cuales están dos predadores de talla grande como la "Panthera onca" (jaguar) el felino más grande de América, y el "Puma con color" o yaguarundí, segundo felino más grande de Colombia.

Nunca lo vimos, pero bastó ese repetido rugido para sentir su presencia íntegra. Nos maravillamos de que todavía se pueda escuchar esa poderosa música de vida en la zona. Lo más posible es que estuviera solitario, a no ser que fuera una hembra con sus cachorros. ¿Por qué rugió? ¿Se sintió amenazado por nosotros? ¿Fue por causa de otro animal? En fin. De todas maneras era un rugido con doble significado: quizá de angustia o de amenaza de su parte, pero de optimismo y alegría de la nuestra.

Quedamos extasiados. Inmediatamente pensé: tenemos salvación si aún hay estos animales en la zona. El Parque, el Planeta, tienen todavía salvación. No será fácil pero es posible con lucha y esfuerzo.

Los monos, las aves y la inmensa cantidad de insectos y reptiles en el camino corroboran mi optimismo. Esta vez no vimos monos, pero por allí mismo los hemos observado antes saltar de árbol en árbol en manadas. El día anterior algunos peces en el agua cristalina del mar nos mordían suavemente los pies.

Hay vida, ¿hasta cuándo?

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