Renovación integral para Santa Marta

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Escrito por:

César Serpa Vega

César Serpa Vega

Columna: Opinión

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Partiendo de la base que una ciudad bonita genera sentido de pertenencia y por ende provoca cuidarla y mantenerla, se podría recomendar a nuestras autoridades que en coordinación con los gremios económicos y la ciudadanía en general, se comience a planificar, a gestionar recursos y a ejecutar un plan de mejoramiento de las fachadas de viviendas y comercios, sobretodo de aquellas que se encuentran ubicadas sobre calles, avenidas y esquinas muy visibles y transitadas, además de las vías de acceso y salida de la ciudad.

Este plan deberá incluir líneas de crédito blando para financiar el embellecimiento de dichas fachadas y para la limpieza, mantenimiento y cerramiento de lotes baldíos y casas abandonadas, teniendo en cuenta que la convivencia social exige que los propietarios cuiden, mantengan y se hagan responsables de sus bienes, tal y como lo exigen el POT y la reglamentación catastral vigente.

Santa Marta entera necesita una intervención urbanística y arquitectónica urgente, que busque embellecer y hacer más presentable a la ciudad de cara a los turistas y habitantes, lo cual deberá complementarse con una mejor iluminación y presencia policiaca de los lugares identificados como los más azotados por la delincuencia, eso contribuirá mucho a mejorar la seguridad de todos.

Lo anterior beneficiará tanto a los propietarios de los bienes intervenidos por medio de la valorización catastral; como al distrito, ya que mejora su imagen, atrayendo más inversión y turismo.

El mejoramiento estético de la ciudad tiene que estar complementado por un mejoramiento cultural y educativo de sus habitantes. El problema de la falta de pertenencia con la ciudad por parte de nativos y visitantes, y la poca ó casi nula existencia de cultura ciudadana, urbanidad y de civismo en general, son males que aquejan e impactan negativamente a la imagen del distrito y perjudican la convivencia cotidiana de todos.

Es imperativo entonces que una ciudad turística como ésta implemente un completo e integral plan de choque educativo y pedagógico, que podría empezar a reglamentarse en colegios públicos con cátedras ó ejercicios diarios que refuercen los valores básicos y las normas elementales de convivencia y respeto, lo cual debe contar obligatoriamente con la interacción de padres de familia.

Las asociaciones de taxistas y transportadores de todo tipo también deberían ser incluidos en estos planes de culturización masiva, sin dejar por fuera el bilingüismo, que debería ser una regla en cualquier ciudad turística.

El caos del mototaxismo siempre debe ser tratado con mucho realismo. Aunque es cierto que ante la ineficiencia e insuficiencia del transporte público formal el mototaxismo es una opción muy usada por los ciudadanos, eso no significa que tenemos que tolerar los desórdenes y la anarquía que constantemente fomentan en la ciudad.

Es imperativo que este servicio se preste con unas mínimas condiciones de seguridad, buscando regularlo por medio del establecimiento de unos cursos de urbanidad, civismo y cultura ciudadana que sean obligatorios y permanentes; para esto hay que exigir que todas las motos que circulen por la ciudad se afilien a asociaciones que los mantengan censados, identificados, capacitados y uniformados.

Adicionalmente no sería descabellado ir consultando y socializando sobre la posibilidad de implementar un carril exclusivo y obligatorio para las motocicletas en las arterias principales. Lo ideal en este complejo asunto es que los empresarios del transporte brinden al fin un servicio de transporte público eficiente, suficiente y digno, para que no se siga justificando, aumentando y empeorando el tema del mototaxismo.

Además del problema del traumático e impresentable tránsito cotidiano en nuestra ciudad, está la pésima presentación física de las "buseticas" que circulan por todas partes, y eso que somos un distrito turístico, cultural e histórico, pues lo más histórico son esas busetas viejas y peligrosas. Es inadmisible que en una ciudad turística los Samarios y visitantes se transporten en esos vehículos "enlatados", llenos de óxido, humo y hacinamiento.

Mientras se implementa algún día el Sistema Estratégico de Transporte Público (SETP), nuestras autoridades podrían invitar a las empresas de transporte distrital a que renueven su destartalado parque automotor, para que sea cambiado por unas busetas más decentes, cómodas y dignas; tal y como lo exige el contrato de concesión de ese servicio público, lo cual parece que se les olvidó.

La mejor forma en que las autoridades propicien la recuperación de la esperanza y el sentido de pertenencia de los samarios en su ciudad, es haciendo todo lo posible por mejorar su imagen física, arquitectónica y urbanística, para que al fin tengamos una ciudad más presentable y bonita que provoque respetarla, mantenerla y cuidarla.

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